lunes, 21 de octubre de 2019

Estamos solos

Pues eso: en el momento de la verdad, cuando necesitamos lo mejor de nuestra especie, triunfa el tierraplanismo. ¿Y creemos todavía que la salvación es posible?
Hace unos días hablaba de que nos acercamos, todos, juntos y sin excepción, a un territorio desconocido dominado por engendros demoníacos que quieren, y pueden, acabar con nuestra especie o, en el mejor de los casos, devolvernos a épocas pasadas en las que nada nos protegía como individuos: ni leyes, ni Reyes ni naciones o prelados.
Leía ayer en El País (https://elpais.com/economia/2019/10/18/actualidad/1571397259_309335.html) un sesudo artículo sobre el capitalismo y sus devaneos con la actualidad; de la necesidad de realizar un ajuste rápido en el único sistema económico y social que se ha demostrado medianamente capaz de resistir la inoperancia humana, la misma que se ha cargado el resto de los intentos de cambiar las cosas. Como ellas, las muertas y defenestradas, el actual capitalismo se nos muestra como un monstruo capaz de devorarlo todo para alcanzar su propio fin y este artículo da vueltas planeando por algunas de las últimas ideas al respecto. Capitalismo verde, social, solidario, participativo...y vaya Vd. a saber qué más podemos inventarnos para domesticar a la bestia, pero lo cierto es que la bestia y los jinetes del apocalipsis, los reales, los que señorean hoy el planeta, campan por sus respetos y no tienen a nadie que les haga frente.
Los ciudadanos clamamos en un desierto de líderes políticos que, como mi querida Aznar, claman, a su vez, por mantener el negocio de sus amos, que son los verdaderos amos de todos. Justo cuando la humanidad se enfrenta a sus momentos más cruciales como especie -no como nación aislada o cultura o área geográfica – y el destino de todos está pendiente del capricho de un sistema tan complejo como el clima, al que hemos llevado al límite, cuando miramos a nuestros teóricos dirigentes nos encontramos con Bolsonaro, Trump, Yeltsin, Johnson, los polacos y húngaros, los corruptos chinos…y la realidad se impone: estamos solos y no hay nada ni nadie que pueda parar el desastre que se avecina.
La historia, la más conocida, siempre nos habla de líderes aparecidos en el momento de la verdad, justo cuando todo parecía perdido y que, con su presencia, inteligencia y trabajo, consiguen torcer el curso de los acontecimientos, pero está claro que el momento contradice tanto la propia historia como lo inexorable de su avance lineal: podemos retroceder y lo estamos haciendo a toda velocidad. Cuando nos lo jugamos todo como especie, reforzamos los nacionalismos localismos; cuando la ciencia se muestra como el único camino en el que algo es todavía posible, se impone la más acendrada estupidez colectiva,; cuando todo nos indica que podemos si vamos juntos y usamos lo que tenemos a nuestro alcance de manera adecuada, nuestros líderes, elegidos por una caterva de estúpidos, nos cortan el paso.

Sí: estamos solos. No le demos más vueltas y asumamos que los dragones tendrán comida, mucha comida.

sábado, 12 de octubre de 2019

España y América: comentario por encargo

Aztcas preparando la barbacoa ejerciendo el máximo respeto a los pueblos hermanos de mesoamérica


Un soneto me manda hacer Violante…y como Lope, aunque sin su genio, me veo ante el teclado para hilar un par de sesudos comentarios sobre la relación de España con América; ardua tarea que puede consumir vidas enteras y que mis amigos no quieren analizar con el detalle que suponen más de cuatro o cinco párrafos de buen tamaño. Como punto de partida, nací en Argentina y trabajo y vocación me han permitido patear bastantes países de norte a Sur, eludiendo tan solo Venezuela, Colombia y Perú. El resto, desde Vancouver a la Patagonia, han sido visitados por servidora y sus ávidos deseos de aprender.
Lo primero que parece evidente es que España dominó sin la cruel metodología y racismo empleados por los anglosajones y holandeses varios siglos después en sus colonias. Entregados al fornicio legalizado, los españolitos de Cortés llegaron a Tenochtitlán cargados de bastardos reconocidos que acabaron conformando una élite criolla que terminó por expulsar, años después, a los representantes de la corona española. Primer dato. Los anglosajones follaban igual, pero mataban a las embarazadas para evitar a esa oblación mestiza, siempre muy peligrosa.
Segundo: Cortés se dio cuenta de que debía entenderse con el soberano de un gran estado y se presentó a Moctezuma ofreciendo vasallaje y alianza con el reino de España: impensable tanto en ese momento en Europa como siglos más tarde. Holandeses, ingleses y portugueses, junto con franceses, belgas y alemanes arrasaron con todo lo que encontraron sin pensar en jerarquías o alianzas. Pensemos en los intereses ingleses en la guerra del opio y en los holandeses en la Molucas o los belgas en el Congo y veremos que lo español en la conquista ni fue tan bestia ni tan extraño. Acercarse a la historia con un punto de vista cerrado a lo actual es un error de enormes proporciones.
Tercero: que nadie se equivoque con el poder militar de los españoles. Conquistaron porque se aliaron con la multitud de pueblos sometidos, sojuzgados, expoliados y masacrados por Incas y Aztecas. En el momento que se quedaron un poco, solo un poco solos, pintaron bastos como demuestra la Noche Negra del 7 de julio de 1520 cuando tuvieron que salir de najas de Tenochtitlán y darse de bofetadas cerca de Otumba, en un villorrio que la Wikipedia me recuerda como Temalcatitlán. El que quiera enterarse de cómo los españoles prefirieron ahogarse en los canales antes de desprenderse del oro, que se lea el libro de Bernal Díaz del Castillo llamado La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, genial crónica de la historia a golpe de calcetín escrita por un soldadito de la tropa de Cortés.
Cuarto: si es cierto que los españoles actuaron de forma vesánica y ejercieron una tiranía que en la época podría considerarse como normal en todo el orbe, Aztecas incluidos. Si alguien tiene la mínima duda sobre la verdadera naturaleza angelical de los aztecas, que se de una vuelta por el museo de antropología del DF y podrá apreciar la sutileza de los cuchillos de obsidiana y las tazas sacramentales con las que se recogían los corazones palpitantes de los afortunados sujetos que pasaban a entenderse con la multitud de dioses aztecas o los que poblaban las páginas del Popol Vhu, biblia maya que también he tenido el placer de meterme entre pecho y espalda.
No, no hay caso y los verdaderos asesinos genocidas fueron los virus, gérmenes y bacterias que arrasaron poblaciones enteras sin dejar bicho vivo. Hay un libro -perdón por no tener la referencia aquí – que habla de la realidad de las poblaciones americanas antes y después de la llegada de los europeos cuyas cifras son espectaculares. Nos habla de millones, cientos, de seres desaparecidos a causa de la viruela -a la cabeza – gripe, sarampión y demás bondades.
En el libro El dios de la lluvia llora sobre México, de László Passuth, se nos cuenta mucho de la aventura de Cortés -libro maravillosos – y también podemos encontrar, en muchos documentos, las macabras historias de Becerrillo, alano español receptor de soldada de primera y ejecutor de muchos indígenas enemigos (Curioso que el chucho sabía distinguir amigos de enemigos aunque vistieran igual) pero junto a estos actos, Frai Bartolomé de las Casas levantó la voz favoreciendo la causa de los indígenas (a los negros africanos que les fueran dando, que de esos no se ocupaba ni Dios) algo impensable en otras culturas.
España conquistó -según mi humorística tesis – porque le tocaba: nos habían zurrado los cartagineses, fenicios, griegos, romanos, godos, celtas, alanos y árabes, así que nuestro turno había llegado y los aprovechamos porque éramos más pobres, teníamos más hambre y estábamos hasta las narices de pegarnos con los cerdos para comer bellotas. Simple, humano y por cierto: actual. Si ahora se descubriera una nueva tierra, los pobres de la tierra harían, otra vez, los mismo que hicimos nosotros, lo mismo que hicieron los mongoles arrasando China y la India o lo mismo que hicieron los árabes comerciando con esclavos y abriendo África para que los europeos acabaran el trabajo.
Y termino con dos notas: leeros el discurso de Vargas Llosa al recibir el Nobel y pensar en cómo, dos siglos después de nuestra salida de América, viven los indígenas de hoy bajo el yugo de los blanquitos que echaron a los españoles por malos. Y ya no estamos por esos lares, que conste: han tenido tiempo, 200 años, para arreglar lo que fuera menester arreglar.



viernes, 11 de octubre de 2019

HIC SUNT DRACONES




Cuando la cartografía quiso hacerse mayor y compartir el rigor del método científico, empezó a usar una fórmula que, bajo la poesía de lo mitológico , aceptaba sus imitaciones y la falta de conocimiento: al llegar a una zona desconocida, escribían HIC SUNT DRACONES, que es lo mismo que decir que no tenían ni idea de lo que se debía representar en ese territorio.
Creo que hoy en día la humanidad toda parece haber llegado, una vez más, al territorio de los dragones, esos paisajes que exigen un esfuerzo de creatividad y adaptación para permitirnos seguir infectando la piel del planeta. Los dragones son muchos y variados y todos ellos, identificados o no, suponen un reto importante de la misma manera que siglos atrás otros dragones tuvieron que ser domesticados y asimilados por nuestros usos y costumbres cotidianos. La revolución industrial puede ser un buen ejemplo de colonización de un territorio desconocido y sus enseñanzas podrían ayudarnos siempre y cuando fuéramos capaces de aceptar que necesitamos una adaptación rápida, eficaz, universal y justa para poder seguir nuestro camino como especie.
El cambio llega rápido para el clima, el reparto del trabajo y sus múltiples formas de evolución conjunta con la tecnología de las comunicaciones; llega rápido para la trasformación de nuestros usos y costumbres respecto a la movilidad y al consumo, amenazando el actual sistema con la reimplantación del consumo circular y el abandono de los insostenibles modelos consagrados por el desarrollismo industrial de las últimas décadas; llega un importantísimo cambio en el modelo familiar y social derivado de la impensable longevidad que crece gracias a los avances médicos y medioambientales; llegan y llegamos, juntos, a ese territorio ignoto plagado de dragones que hay que identificar y domesticar adecuadamente y debemos hacerlo según pautas consensuadas, probadas y dosificadas según la justa medida. Todo este ladrillo viene a cuento de los titulares lanzados por y reproducidos en la prensa sobre el programa de Iñigo Errejón y su idea de la semana laboral de 4 días. Tal como nos ha llegado, es un absurdo brindis al sol, pero bien explicado y exponiendo las pruebas que ya se han realizado en Nueva Zelanda y otros países,explicando bien qué y cómo se hizo y en dónde; abriendo la posibilidad de establecer determinadas pruebas con algunas empresas -como se hizo allí -hubiera sido posible establecer un debate basado en datos fiables; oportunidad perdida gracias al inadecuado uso de los famosos 140 caracteres.
Tenemos, por fortuna, la posibilidad de usar el método científico para establecer todo tipo de pruebas y programas que nos ayuden a colonizar los enormes territorios vírgenes que tenemos delante de nuestros pies y sabemos que, como siempre, nos adentraremos en lo nuevo sin duda y sin tener ni idea de las consecuencias de nuestras acciones, pero por favor, hagámoslo con cierta cabeza y con el compromiso de tratar de hacerlo bien y hacerlo en beneficio de todos. Necesitamos trabajar bien y juntos, sin descalificaciones previas y poniendo encima de la mesa datos y medidas fiables, que lo que nos jugamos es mucho y aunque algunos piensen que a ellos y sus iguales no les afectará, no es verdad: el futuro llega para todos y llega, además, a la casa común de todos, negacionistas pagados y paniaguados como Aznar incluidos.



domingo, 29 de septiembre de 2019

Post-Franquismo

Franco y la Iglesia: como en casa, en ningún lado


Hace tiempo que, entre mi grupo de comensales de los lunes, hablamos sobre la constante y todavía permanente presencia de un franquismo sociológico que no se ha disuelto en las aguas de la democracia. Hay un discurso que va calando desde años y que nos pinta la dictadura de Franco como un periodo de prosperidad, calma social y buen gobierno. Es inútil argumentar lo obvio cuando, por desgracia, nos llega otra vez el famoso discurso: no hay dato, estadística o hecho hiper demostrado que consiga cambiar el juicio de quien nos habla.
Ahora, cuando parece ser que, por fin, el dictador podrá ser desterrado de ese monumento al espanto que es el famoso Monasterio de Cuelgamuros, vuelven las voces a clamar por la traición, vuelven a pedir que se respete el cadáver y que no se “abran heridas”; las mismas heridas que sólo sanaron en los cuerpos y en las almas de los vencedores, que de los vencidos nadie tuvo cuidado ni a nadie preocupó su sanación. Jaime de Armiñan, en su película “Septiembre” introduce una escena que, a mi juicio, puede resumir muy bien la esencia de la situación: uno de los personajes -antiguos compañeros de colegio que se reúnen para una excursión 25 años después de dejar el colegio – le pega una bofetada llena de odio al fuerte del grupo y éste, muy sorprendido, le pregunta por la razón de esa bofetada, pues él jamás le ha hecho nada. El agresor, que reúne las características del débil de la clase, le contesta: “Los que abusabais de mí; los que me aterrorizabais y me pagabais, os habéis olvidado de mi miedo, pero yo no: yo me acuerdo de cada amenaza, de cada abuso y de cada golpe y hoy me he vengado”.
La transición, mas que cerrar, saltó sobre u obvió algunos temas pendientes que seguían presentes en muchas casas y en muchas familias; no quiso ver que era necesario restituir la calma de muchas personas que habían convivido con el miedo, sufriendo la venganza de los vencedores sin poder hacer nada; sabiendo que sus familiares habías sido asesinados y olvidados sin la posibilidad de hacer nada por sus cuerpos y por su memoria. Los había de toda clase y condición: desde labriegos hasta mandos, generales, oficiales y suboficiales del ejército que vieron sus hojas de servicio injuriadas por el calificativo de “traidor”, máximo deshonor de un militar.
Todo eso no se había lavado, no se había sanado y, por cierto, la Iglesia jamás ha movido un dedo para ayudar a solventar esa situación que ahora, mediante la gestión de un símbolo, puede empezar a solventarse. Todavía, hace un par de días, los obispos acusaban al gobierno de electoralismo cuando la resolución del parlamento y los intentos de este gobierno están vivos desde hace años.  
Los franquistas y su herencia siguen presentes en muchos usos y costumbres de nuestra sociedad actual, no debemos engañarnos ni dormirnos. España tiene dejes cuyas raíces se esconden en los usos y costumbres franquistas, de manera que, queriendo o sin querer, son muchos los que colaboran para que esa parte de la historia se nos vuelva a presentar ante la cara a la menor oportunidad. Son muchos los que colocan los actos desarrollados por unos y otros entre el 18 de Julio del 36 y el 1 de Abril del 39 en el mismo plano de moralidad y legalidad, por mucho que esto sea una herejía histórica: unos defendían el orden legal y otros lo subvirtieron, pero es como si eso se hubiera olvidado: Para ellos, es lo mismo.
Franco saldrá de Cuelgamuros, seguro, pero será igual: su legado de intransigencia, violencia, arbitrariedad, corrupción moral y despotismo seguirá vivo y tratando de que España vuelva, eternamente, a las cavernas.

sábado, 21 de septiembre de 2019

¿Queremos? ¿Podemos? ¡Debemos!



Hora punta en el centro de Amsterdam

Hace bastante tiempo que tengo muy claro que el ser humano hace, básicamente, aquello que quiere hacer y es capaz de generar miles de argumentos para excusar aquello que no hace. Viene esto a cuento de la corriente que crece en torno a la necesaria puesta en marcha de acciones encaminadas a mejorar la salud del planeta y evitar su completa destrucción; actuación que licha contra toneladas de sesudos y bien pagados papeles que tratan de convencernos de que la realidad que tenemos delante es, con toda seguridad, un trampantojo.
El viernes 20 de Septiembre de 2019, miles de manifestaciones en todo el mundo tratan de convencernos de dos cosas muy sencillas: Queremos y Podemos. Se han terminado -o deberían terminarse – las excusas y a esas dos realidades debemos sumar un tercer mandato inexorable: Debemos. Contra aquellos que tomaron las calles se van a levantar enormes cantidades de argumentos, ataques y calumnias, pero la realidad tangible de toda esa mierda que amenaza con ahogarnos a todos se va a imponer de forma inminente, sin duda. Miremos donde miremos o analicemos los datos que analicemos, la realidad se impone a la mentira, a la manipulación, la excusa o la pereza. La vergonzosa realidad de la que somos culpables mata animales, destruye hábitats enteros, llena los mares de plásticos y fertilizantes que ahogan las aguas con inmensas y aberrantes cantidades de algas y cambia el clima. Sin duda, sin resquicios  sin posible vuelta atrás de no tomar, de forma inmediata, todas las medidas que sabemos necesarias son importar el coste: nada podrá arreglar la ruina de nuestra casa si esta colapsa y no podemos ser tacaños en el gasto que su reparación necesita.
Debemos, queremos y podemos cambiar muchas cosas, desde los hábitos de movilidad hasta estar seguros de conseguir un modelo limpio y sostenible; debemos, queremos y podemos detener la emisión de gases invernadero lo ates posible poniendo en marcha energías alternativas que YA están disponibles y son posibles y adecuadas; debemos, queremos y podemos eliminar, con plena autoridad moral y poder de coerción, cualquier obstáculo, país, organización o estructura de poder que se oponga a la tarea común más importante que nunca haya ocupado a la humanidad toda.
No queremos, no debemos aunque, por desgracia, podemos seguir ciegos, inertes e indiferentes ante el completo desastre que amenaza al planeta y, sin embargo, las clases políticas - todas y en todos los países – valoran más los negocios y beneficios de hoy que la desgracia y completa ruina de un futuro cada vez más negro y cada vez más inminente; esa que herederán nuestros hijos y nuestros nietos por mucho que “el poder” trate de engañarlos, pero ellos no se dejan: saben que serán ellos los que tengan que vivir en el horror que les dejamos y reclaman que asumamos nuestro deber de evitarlo sin dilación.
Y el caso, la verdadera desgracia, es que tenemos el dinero, la tecnología, el poder y la posibilidad de poner en marcha las soluciones necesarias, pero no queremos: argumentamos, ponemos encima de la mesa la enorme repercusión económica de acabar con la economía del petróleo; los interesados invierten millones y millones en pagar estudios y expertos negacionistas para que hagan ilusionismo y juegos de manos con la realidad, pero lo que es obvio acabará imponiéndose de forma inexorable y será tarde, muy tarde. Ellos, los “ellos” de siempre morirán ricos y yacerán sobre los restos de un planeta muerto que verá su muerte con indiferencia para seguir evolucionando hacia nuevas eras en las que no sabemos que pasará. Solo sabemos que el hombre no estará sobre su atormentada superficie.
No quiero acabar de una forma tan negativa, de manera que abro una pequeña ventana a la esperanza y os invito a todos a sentaros, en plena hora punta de la mañana o la tarde, en una terraza del centro de Amsterdam. Veréis que no hay atascos y apenas algunos coches se mueven por las grandes avenidas casi vacías mientras un río de silenciosas bicicletas se traslada con eficacia y normalidad llevando a todos, mayores y pequeños, a sus destinos de una forma limpia y segura. Hoy, con las posibilidades que ofrecen las bicicletas eléctricas, ya no hay cuestas y si volvéis a esa maravillosa ciudad en pleno invierno, veréis la misma fotografía, pero nevada, con sus canales helados y un viento gélido, feroz, y con las mismas gentes pedaleando saludables y tranquilos camino del trabajo, de casa o de una reunión de amigos. Ellos no ponen excusas, no argumentan: simplemente, lo hacen y hace más frío, llueve muchísimo más y el viento, os aseguro, es helador, pero ya lo han asumido.
Y les va bien. Mejor dicho: les va genial.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Luz y materia




Me pongo a escribir más que nada por inercia y un poco por costumbre y, como muchas veces, me agarro a la primera idea que aterriza sobre le teclado en el momento de ponerle nombre a la cosa y que, además, ayuda a poner de manifiesto que, de ven cuando, somos capaces de cosas buenas muy alejadas de la miseria cotidiana. En un repaso de la presa -de toda la prensa – me detengo en una noticia del ABC que me retrotae a los tiempos del bachillerato y la famosa expresión de las clases de ciencias”despejamos y…”:
"Se trata de una demostración pura de la famosa ecuación de Einstein que relaciona la energía y la masa: E = mc2, que nos dice cuánta energía se produce cuando la materia se convierte en energía", explica el investigador principal y profesor de física Steven Rose. "Lo que estamos haciendo es lo mismo pero al revés: convertir la energía del fotón en masa, es decir, m = E / c2".
Pues eso, que despejando despejando, unos chicos bastante listos están a punto de ver si pueden hacer realidad una idea de hace80 años y que, con los conocimientos de hoy, podría darnos pistas de esos primeros instantes del universo en los que la materia empezaba ser una realidad y ponía tropezones en desestructurada la sopa cósmica en la que, antes de eso, nada era ni podíamos encontrar masas o materias, solo potencia de lo que acabaría siendo nuestro universo.
Me gusta saber que, en medio de todo el fárrago de incoherencias políticas, económicas y sociales, hay algunos seres humanos entregados a lo que, desde siempre, ha conformado la base de nuestra inquietud intelectual: el conocimiento de lo más cercano; el saber las causas y los “por qué” de lo mas simple y ala vez, lo más ignorado. Mientras los tierraplanistas y antivacunas tiran de nosotros hacia la bestialización de la especie, otros, los mejores, tratan de iluminar las zonas oscuras de nuestro conocimiento.
Mientras escribo, una imagen se adueña de mi cabeza: un sabio en el laboratorio exclama contento: “Con esto, por fin, se acabarán los problemas del indo” mientras al fondo el mundo explota y se desintegra comido por la polución y la guerra”. Me temo que estamos tan cerca de lo uno como de lo otro. O escogemos bien, o la liamos.

domingo, 8 de septiembre de 2019

7.500 años ha

Reconstrucción de ÇATALHÖYÜK , una de las primeras ciudades


Anda servidora dando vueltas a la cabeza pensando -de vez en cuando no es malo- en cómo el ser humano se mantiene aferrado al modelo de agregación social que forma la ciudad y que, según nos dice la historia, surge hace unos 7.500 años en Mesopotamia como consecuencia del desarrollo de las técnicas agrícolas. Desde entonces hasta ahora, la cosa se ha mantenido bajo el mismo modelo, que es, en su más simple expresión, como podemos estar juntos gracias a que hay comida para todos, podemos hacer muchas cosas que, de otra forma, serían imposibles. Bien, pues ese “juntémonos” ha dado lugar a algo tan asombroso como la conurbación china creada en torno a Pekín, área que alberga a 120 millones de personas.
Si Protágoras de Abdera tenía razón al decir que “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que nos son”, debemos estar de acuerdo en que algo se nos ha ido de las manos y que nuestra especie no está biológicamente adaptada a estas medidas. Somos, básicamente, una especie de oportunistas que ha pasado de buscar carroñas y bayas recorriendo enormes áreas de sustentación a una pandemia global que destruye todo el espacio que le rodea y cuya nefasta influencia llega incluso mucho más allá de donde localiza su presencia física.
Cambiamos los grandes espacios por habitáculos hacinados donde las enfermedades corrían como la pólvora y en donde nuestra existencia se veía constantemente amenazada por la meteorología y el clima: nuestros niños morían más y mejor, la violencia se adueñó de las normas sociales y la guerra, la muerte y la dominación gobernaron nuestro mundo hasta nuestros días.
Pienso en estas cosas al comprobar cómo las actuales tendencias en Europa tratan de dar marcha a tras en el modelo urbano y potenciar aquellos hábitos que nos puedan ayudar a la medida del hombre, a su velocidad, a su ritmo, a su actividad física y a un modelo de movilidad que no rinde pleitesía a su majestad el coche. Es cierto que al coche le debemos mucho, pero no es menos cierto que hemos pagado un precio muy alto por sus servicios. Le entregamos las ciudades, le dejamos envenenar nuestros cielos, dejamos que gobernara nuestro destino y ahora nos damos cuenta de que la factura pagada empieza a ser ruinosa y queremos renegociar el acuerdo.
Nuestras ciudades quieren -empiezan a querer – ser más humanas: queremos silencio, necesitamos aire limpio, queremos reconocer nuestros ambientes como propios y como humanos; queremos que el ritmo sea el que nuestros cuerpos pueden sostener y armonizar; queremos, en definitiva, volver a ser la medida de nuestro mundo y no vernos arrollados por el exceso. Disfrutamos -algunos – de volver a llevar una bolsa para cargar las compras y no depender de plásticos y envases cuya huella en el medio ambiente es indeleble y nociva y lenta, muy lentamente, la organización política empieza a darse cuenta de que hay que fomentar ese retorno y enfrentarse al problema de sustituir la gallina de los huevos de oro por… ¿Por qué podemos sustituir la inmensa fuente de dinero que depende del petróleo y de los motores de combustión interna? Esa, y no otra, es la gran pregunta de nuestros días, sin duda.
Mientras algunos ya hemos abrazado un futuro de movilidad sostenible y nos entregamos al sueño de disfrutar las distancias al ritmo de un suave y electrificado pedaleo, la macroeconomía busca, sin encontrar, el recambio que nos permita mantener el modelo de crecimiento económico que requiere el capitalismo que nos gobierna a todos. Ellos buscan el remplazo y yo busco respuesta a lo que me ronda por la cabeza mientras paseo a mi perro por el campo: ¿Es que no hay reemplazo para un modelo que ya tiene 7.500 años de vida? ¿Es posible que tengamos tan poca creatividad como especie? Todo parece indicar que sí, que somos bastante planos ante el brillo del dinero.