viernes, 10 de julio de 2020

Daño

Juan Carlos I y las amistades peligrosas

A estas alturas de la historia es fácil posicionarse frente o al lado del modelo que conforma la monarquía constitucional moderna: ambas posiciones pueden defenderse con coherencia, sensatez, lógica y acumulando pruebas documentales que demuestran perversiones o ventajas. En España ese debate se vuelve más complejo por varias razones:
La primera es que la monarquía española nace condicionada en su propio origen como fruto de la decisión de un dictador refrendada por un primer referéndum, cautivo y desarmado, celebrado en 1947 y por una segunda votación en el 78 que bendecía la constitución, esa que pudimos darnos navegando procelosos mares golpistas y tentaciones involucionistas. La consagración del modelo en libertad, junto con la actualización de puntos en la carta magna que nacieron ya anticuados en aquel momento, es una acción pendiente que, siendo sinceros, no se ha abordado por el inmenso terror que nos provoca a todos la certeza de que no vamos a poder ponernos de acuerdo ni tenemos políticos capaces de navegar esa segunda versión de aquello que tantos y tan buenos servicios nos ha dado. Primer dato importante que nos coloca en el disparadero de la necesidad de futuras acciones y complicadas decisiones.
La segunda -que durante años pudo obviarse por el excelente rendimiento del cabeza de cartel- es la patológica tendencia de la dinastía de los Borbones a cagarla de forma gloriosa mezclando codicia, sexo, corrupción y una absoluta falta de profesionalidad que ha sido legendaria.Eso sí: con la honrosa excepción de Carlos III, más rey italiano que español por su aprendizaje en Nápoles, y de la breve ejecutoria de Alfonso XII, ajeno a la dinastía por vía paterna, pues su padre fue el entonces amante de turno de Isabelota II, Capitan D. Enrique Puigmoltó y Mayans. Eso según parece y he leído en más de una fuente, es lo que consta en una carta manuscrita por la propia Isabel depositada en El Vaticano. Hay que destacar el hecho de que esa carta llegara a existir, pues era notoria la imbecilidad de la reina y su incapacidad para la escritura, lectura o cualquier acercamiento a la cultura distinto al sexo, la juerga y la codicia. Se da por confirmado que ninguno de sus 11 embarazos fue responsabilidad de “Paquita” coloquial apodo de del rey consorte Francisco de Asís y Borbón, al que la reina despellejaba diciendo que “no se podía esperar gran cosa de un marido que se presenta en la noche de bodas con más puntillas que la novia”.
Si hay ganas, sugiero bucear también en la tendencia de la familia hacia los desequilibrios mentales, notorios y conocidos desde Felipe V, que abdicó por saberse más ido que despierto; Fernando VI que acabó sus días como un cencerro en el castillo de Villaviciosa de Odón; Carlos IV, también llamado El Pasmado o El Ensimismado - obsesivo con sus relojes - hasta llegar a la cima de la incapacidad de Fernando VII, traidor, felón, molesto, vesánico y entregado a la exhibición de las  -según cuentan – enormes partes pudendas que le obligaban al uso de un almohadón especial diseñado por los médicos de la corte y que evitaba desgracias en la parte contraria. Un angelito, vamos.
Tras el breve paréntesis del medio Borbón Alfonso XII, nos toca en suerte el XIII, que, reforzando la superstición al uso, la vuelve a cagar de forma gloriosa bendiciendo la dictadura de Primo de Rivera, las asonadas africanistas de Franco, Millán y compañía y entregándose a todo tipo de aventuras financieras que le aseguraran su futuro. Su hijo -el válido -el llamado D. Juan, es otro ejemplo de constancia en el lado oscuro de la fuerza: borracho, jugador compulsivo en el casino de Estoril donde acudía puntualmente -según las malas lenguas – a jugar todas las noches con el dinero rapiñado a los monárquicos añorantes de imposible monarquía. Su pretendida y aireada ruina económica quedó desmentida cuando se supo la cuantía de la herencia dejada a su hijo y que rondó los 400 millones de pesetas. Una minucia para las desmedidas ansias de pasta de la familia, como luego se ha podido comprobar. Por cierto: se eludió pagar el impuesto de sucesiones de Madrid en favor de la legislación de Navarra, mucho más indulgente. La diferencia, unos 100 milloncejos.
Y como hay que aterrizar en el asunto, llegamos a D. Juan Carlos, personaje del momento y del que la historia escribirá largo, tendido y controvertido, seguro. Juan Carlos I, monarca que, como Juno, dios romano que guardaba las puertas, tiene dos caras: con una mira a la historia pasada y con la otra contempla el derrumbe de su legado bajo el peso de la ignominia. (RAE:  Deshonor, descrédito de quien ha perdido el respeto de los demás a causa de una acción indigna o vergonzosa)
A pesar de los iniciales rumores sobre su verdadera naturaleza, este Rey ha contado con el apoyo de muchos -yo incluido -que jamás se han considerado monárquicos y que valoramos las aportaciones realizadas durante la transición. Este ejército de republicanos “juancarlistas” aguantamos el chaparrón con velas arrizadas, mantuvimos un expectante silencio y, al final, nos tuvimos que rendir ante el peso de la evidencia: la querencia de su dinastía se ha impuesto y el balance final se viste de pública condena y casi unánime rechazo a su figura, a su comportamiento y a lo inmoral de su abyecta y enloquecida trayectoria: nadie ha podido hacer más daño a la monarquía en España que su primera cabeza.
La justicia hará lo que pueda y tenga que hacer, los partidos se posicionarán y el tiempo pasará dejando a Juan Carlos I en un espacio lleno de negras sombras y dominado por la tragedia de la oportunidad perdida; la controversia lo dominará todo, pero sólo habrá dos opciones: el rechazo completo en un lado y el leve matiz de aprobación por sus primeros tiempos al frente de la transición de otro.
Como no soy juez ni me debo a la mesura, la ecuanimidad pública o a las pruebas judiciales, quiero dejar constancia de mi desprecio por la figura de aquél que, como otros, pudo optar por ser ejemplar y socialmente útil y abrazó la codicia, la inmoralidad, la vesania de creerse intocable y por encima de los deberes de todo ciudadano normal y se entregó a la consagración de lo peor del ser humano. Aquellos que deben su posición al esfuerzo y sacrificio de muchos y que desde la posición que ostentan pueden hacer mucho bien y eligen el mal, deben ser juzgados -según mi propio código moral – con mucho más rigor que otros que, simplemente, por sus propios medios tomaron la misma opción.
A Juan Carlos no se le destruido desde fuera, no: ha sido él mismo el que ha destruido su recuerdo y ha colocado a su propio hijo a los pies de los caballos. Personalmente, ya me es igual que la justicia sentencie o no o que sentencie en uno u otro sentido: mi balance ya está hecho y aunque reconozca el valor del impulso inicial, su legado es nefasto. Ha fomentado y acrecentado el daño de la peor lacra de nuestra nación: la corrupción y, además, lo ha hecho desde una posición privilegiada, respetada y constitucionalmente intocable.
Ahora cabe preguntarse, mientras el exilio se va conformando como una opción muy posible, la razón por la que tanto él como sus hijas se han colocado por encima de todo y al margen de la sociedad que los protegía y amparaba. ¿DE verdad pensaban que nada les alcanzaría? Queda su hijo Felipe, al que ha dejado un legado envenenado y al que, poco a poco, se le va complicando la vida. Ya ha salido el pago de su viaje de bodas a cargo de un amigo de su padre que tuvo a bien “invertir” casi un cuarto de millón de euros en seguir teniendo buenas relaciones con la Zarzuela. A lo mejor es que yo soy raro, pero ¿de verdad un regalo así se puede considerar “normal”? ¿Y tampoco hay que declararlo a Hacienda? En fin…sí, es cierto que una monarquía moderna y muy controlada por el ejecutivo y el parlamento puede funcionar, pero no es menos cierto que esa monarquía, además de ser ejemplar y súper rentable, debe superar el rechazo de su origen y al mecanismo hereditario que diferencia a un ciudadano de otro por su nacimiento, algo superado hace siglos.
Felipe VI está, ahora mismo, en una posición complicada y muy lejos de cualquier conexión racional o emocional con las generaciones por debajo de los 40 años. Con un padre entregado al acoso y derribo de la institución, con una sociedad enfadada, decepcionada y muy presionada por la actual y por la pasada crisis, la monarquía española, desde mi punto de vista, debería forzar un refrendo popular que le permita respirar tranquila. Hoy es muy posible que, todavía, ganara la opción continuista: mañana, con toda seguridad, será rechazada y sólo quedaría, una vez más, el camino del exilio.
En cuanto al último juicio personal sobre Juan Carlos I, me acojo a la fórmula romana: nefas est.


sábado, 13 de junio de 2020

Convivir con una sociedad enferma y podrida

Ayer los ancianos...¿mañana? 
Hace semanas que no escribo más que para mí: breves notas en un cuaderno manuscrito que no enseño ni comparto, pero me parece que es momento adecuado para clamar en el silencioso desierto de una indignación que no existe; gritar desde lo que sea esto para intentar generar una reacción que debería haber sido automática y general y que, sin embargo, no se ha producido en la proporción que considero imprescindible, general y permanente en el tiempo.
He compartido mi estupor por este silencio con algunos -muy pocos – amigos y las reacciones han sido diversas, lo cual confirma mi asombro ante la inacción general que observo y que no entiendo. Hace días que “Infolibre” publicaba los documentos de la CAM en los que se daban instrucciones precisas sobre qué hacer con los diferentes grupos - perfectamente categorizados y clasificados – de ciudadanos enfermos para gestionar su posible ingreso hospitalario.
Las instrucciones eran claras y rechazaban la posibilidad de ingresar en los hospitales públicos a muchos seres humanos cuya esperanza de curación dependía, en ese momento, no de un criterio médico y un diagnóstico personalizado sino de su pertenencia o no a un determinado segmento de población previamente categorizado. En resumidas cuentas, desde un despacho se decidía sobre las posibilidades de curación o no de grupos enteros de personas. Y ojo, que parece ser que no ha sido solo Madrid, que es muy posible que instrucciones parecidas se hayan manejado en Aragón, Catalunya y otros lugares, así que esa brillante “solución final” no ha tenido tintes de partido, más bien parece que tamaña inmoralidad ha dependido del grado de “iluminación” del responsable de turno.
Los textos – que podrían haber sido escritos sin problemas por Heinrich Himmler en los primeros años de su llegada al poder hablando de otros segmentos de población– nos colocan a todos frente al grado de deterioro de una sociedad enferma y corrompida que no es capaz ni de analizar la realidad con perspectiva, ni de levantarse de forma unánime ante la consagración de una inmoralidad que nos amenaza a todos. Una vez pasada la raya, mañana, ante otra crisis, alguien podrá sentirse validado para olvidarse de los locos incurables, minusválidos clasificados de determinada manera, enfermos terminales o con enfermedades sin tratamiento o ciudadanos improductivos de cualquier grupo que se pueda imaginar y controlar.
Creo – y lo creo firmemente – que lo moral y lo inmoral, la concepción ética de la existencia y de la gestión pública, es algo previo a la ideología política y constituye la base de todo lo que somos, tanto en el plano de lo público como de lo privado. Sin esa base todo se cae, se pudre y se desmorona comido por la destrucción que nace del interior de la persona y del sistema. La falta de indignación colectiva, la ausencia de un movimiento ciudadano transversal y universal ante esta muestra de degradación ética y moral de nuestros políticos y de nuestras instituciones, nos coloca ante un hecho incuestionable: nuestra sociedad está enferma y podrida hasta los tuétanos, lamentablemente.
Hace bastantes días que los mensajes del móvil han perdido la gracia y hace días que espero lo que se que nunca va a llegar, de manera que mi silencio se suma y se confunde con el ominoso silencio colectivo de esta sociedad amodorrada y dividida que sólo es capaz de indignarse en defensa de sus obtusos puntos de vista y de sus proclamas de mostrador de taberna o de barra de bar. Así nos va.
¿Qué sociedad dejamos a los que vienen?


domingo, 10 de mayo de 2020

Mantener los objetivos en la “nueva normalidad”

Un cambio innegable


Ayer, en la charla virtual semanal, se abrió una discusión muy interesante que acabó abruptamente por la llegada de los aplausos de las 8. La cuestión es simple: Tina – siempre implicada en cuestiones sociales- nos plantea la relación entre cambio climático y la aparición del Covid-19. Desde mi punto de vista son dos cuestiones que, si pretendemos que los viejos objetivos de lucha contra el cambio climático se mantengan en el próximo futuro, debemos mantener muy separadas y con argumentaciones muy diferenciadas o el enemigo nos ganará la mano.
Por un lado, el hecho incuestionable de la evolución nos enseña que el cambio en los seres vivos es constante y que el paso del tiempo conlleva la aparición de mutaciones que dan lugar a nuevas formas de vida. Esto, en el caso de los virus, es un proceso relativamente rápido y muy constante cuyo ejemplo más conocido es el de la gripe común, que todos los años nos enseña una cara distinta. En el caso del Covid-19, parece ser que la mutación clave es la que ha permitido al virus pasar del murciélago a un animal que todavía no se ha identificado y de ese estado intermedio al hombre. La llegada de este invitado inesperado supone que nuestros organismos no conocen al enemigo y deben aprender a combatirlo. En circunstancias naturales -sin intervención de la ciencia moderna – un hecho similar puede suponer la desaparición de un porcentaje enorme de la especie, quedando solo los individuos más capaces de adaptarse a esta nueva condición medioambiental y, desde ese núcleo, recuperar los anteriores niveles poblacionales. No sería la primera vez que nuestra especie queda a las puertas de la extinción para recuperarse después. La actual población humana desciende, parece ser que, en su totalidad, de una pequeña población africana cercana al desierto del Kalahari. Eso nos dicen los genetistas sobre la base de lo que hoy conocemos.
La actual situación se conoce como Zoonosis y está favorecida por la llegada de los humanos a zonas nuevas con patógenos desconocidos que encuentran en los humanos un territorio virgen y propicio para su expansión. Nada nuevo.
Pandemias que si estarán relacionadas con el cambio climático y que ya asoman la patita son las relacionadas con cepas de patógenos -esporas y bacterias – que yacían prisioneras e inactivas en el permafrost y cuyo deshielo sí está directamente relacionado con el cambio climático. Lo que pueda salir de ese medioambiente antiguo y con el que el ser humano no ha tenido contacto alguno. Que sepamos, ya ha habido un brote de ántrax en Siberia que pudo controlarse y estamos a la espera de novedades desagradables y peligrosas. Por acción del ser humano sobre las bacterias acosadas por los modernos antibióticos, ya nos estamos enfrentando a cepas hiper resistentes de patógenos que nos van a dar muchos y variados dolores de cabeza.
Eso en cuanto a los virus, sus mutaciones, el hecho contrastado de la evolución y supervivencia de los sujetos mejor adaptados. Vamos ahora con la nueva realidad y el abandono de los objetivos comunes para parar el cambio climático.
La “nueva realidad” va a tener un objetivo prioritario a cuya consecución se van a someter todos lo demás objetivos: la activación económica y el riesgo, enorme, es que por la consecución de ese objetivo se perpetúen los medios de producción que no respetan al medioambiente. Con la excusa de que “hay que reactivar”, no podemos obviar el hecho de que la irresponsable acción del hombre y la consecuente liberación de gases contaminantes de efecto invernadero, el clima de la tierra está cambiando. Ya hemos pasado la fase de “posibilidad” para entrar en la fase de “hechos contrastados” por mucho que determinadas industrias sigan pagando millonadas por estudios que intentan demostrar lo contrario. La nueva realidad debería acelerar la puesta en marcha de modelos productivos alternativos y respetuosos con el medio ambiente y debería hacerlo de forma ineludible y universal. Lo contrario nos llevaría a saltar de la sartén al fuego.
Desde mi punto de vista, no creo que sea bueno mezclar estas dos líneas argumentales, pues relacionarlas de mediante una implicación directa de una en otra, sería contraproducente y además, permitiría a los defensores del crecimiento a cualquier coste una acción de réplica difícil de paralizar.
Defender la necesidad de mantener espacios vírgenes ajenos protegidos de la deforestación y la acción humana es, por sí mismo, un objetivo ineludible. Si, además, esa colonización conlleva riesgos, será un argumento más en favor de la protección.
Mantener los objetivos relacionados con la no emisión de gases de efecto invernadero y la protección del clima del planeta para que la temperatura no siga subiendo, se inunden litorales, o cambien los ecosistemas con consecuencias espantosas para la población humana es algo imperativo “per se” y cuya vigilancia, en el futuro inmediato, debe ser prioritaria.
Sinceramente, creo que  mantener esas obligaciones en líneas paralelas de argumentación y actuación, es mucho más eficaz y razonable que intentar forzar relaciones y abrir vías argumentales débiles que el enemigo -muy fuerte - puede aprovechar en contra de los objetivos comunes.


jueves, 9 de abril de 2020

Han muerto ahora, los perdimos hace tiempo




Este virus, además de matar -y mucho – pone nuestras vergüenzas al aire de una forma inclemente: no hay forma de tapar lo que nos muestra, por mucho que hubiera estado bien oculto y silenciado con una actitud cuasi mafiosa y generalizada. Este virus nos pone frente a las consecuencias de los modelos de sociedad que hemos querido y hemos votado; nos pone frente a nuestra desidia, nuestra falta de moral, de nervio y de humanidad, aunque queramos envolverlo todo con los espesos y tupidos velos de las faltas ajenas.
Aunque hay muchas consecuencias encima de la mesa que son fruto de pasadas decisiones y de la aplicación de los modelos bendecidos por tantos, hoy quiero detenerme en el desgarro que supone afrontar la naturaleza de una sociedad que desvela su patológica realidad y su desprecio por los ancianos. Hoy se elevan gritos indignados que reclaman responsabilidades -sin duda habrá que pedirlas – y que, en el ruido de sus gritos, pretenden envolver y escamotear el absoluto e irresponsable abandono de padres y madres en “aparcaderos” miserables cuyo fin último y objetivo prioritario es el silencio y el olvido.
Nuestros ancianos molestan y la solución aplicada -me recuerda demasiado a la solución final hitleriana – es enviarlos al olvido y al silencio de instituciones cuya realidad parece saltarnos hoy a la cara desde la ignorancia absoluta. ¿Es que estos ancianos descuidados, abandonados, ignorados y desatendidos no tenían hijos que se dieran cuenta de la realidad? ¿Es que sólo, ante la muerte que les recuerda su culpa y su abandono, son capaces de hablar, denunciar, reclamar y actuar? ¿Es que nunca vieron la decadencia de sus padres y de sus madres en esos antros de olvido? ¿Sólo ahora? ¿Nunca antes?
Este clamor pasará y sólo los diarios y la prensa nos recordarán que se han ido cerrando las investigaciones sobre esos miles de muertos silenciados desde hace años; nadie irá hasta el final desvelando el sórdido negocio de inversionistas, fondos y grandes corporaciones rentabilizando este abandono.  Nadie pedirá sangre por el regalo de este negocio indigno a quien tomó la decisión de permitir que la tristeza de nuestros padres se convirtiera en dinero.
Se han muerto ahora, en estos días, pero antes les llegó el olvido y el desprecio de aquellos que debían haberse dejado el pellejo en el empeño de cuidarlos. La muerte de estos ancianos nos salpica a todos pues pone de manifiesto la deriva de una sociedad que no sabe que hacer consigo misma: ni sus ancianos forman parte del ahora, ni una gran parte de sus adolescentes formarán parte de un mañana armónico. Todas, y digo todas sin temor a equivocarme, las sociedades han venerado y respetado a sus ancianos; les han dado preeminencia y posición relevante en el proceso de la toma de decisiones; les hemos encomendado, algunas veces, la dirección de los asuntos públicos y hemos formado, con ellos, sabias instituciones cuya gloria perdura ahora y lo hará, por siempre, en un lugar de honor de los libros, pero hoy sólo son obstáculos en nuestra vida que hay que abandonar allí donde no molesten. Da igual un asilo que un guardamuebles: deben desaparecer de nuestras vidas.
Y lo hemos consentido todos: que nadie reivindique inocencia en una culpa colectiva. Así nos va.

sábado, 29 de febrero de 2020

Vivir mata



Hay veces que el ser humano se entrega a sus pasiones con tal desmesura que olvida la necesidad de mantener su racionalidad por encima de los sueños y el sueño más ambicionado, el más irracional y el que todo lo mueve y todo lo domina, el sueño por excelencia, es el sueño de la inmortalidad. Entregados a ese sueño somos capaces de priorizarlo todo, de justificarlo todo y de llevar a cabo las más enormes monstruosidades, pero la realidad se impone y el ser humano debe afrontar la inevitabilidad de la muerte como la verdad suprema que, además de justificar su vida, la termina.
En estos días podemos comprobar cómo esa verdad moviliza los más secretos temores y pone en marcha las conductas más irracionales, más absurdas y más básicas. La amenaza de hoy sólo es tal por la repercusión mediática que se le concede, si bien podríamos tener esa misma cobertura sobre un variado abanico de enfermedades que, siendo prácticamente desconocidas, acaban con la vida de cientos de miles de personas o determinan su existencia de una manera atroz. Malaria, dengue, zica, mal de Chagas, sarampión -el año pasado, sólo en la RDC, esta enfermedad ha dejado más de 6.000 muertos- tos ferina, con más de 300.000 muertos al año y millones, lo he escrito bien, millones de infectados cuya edad, de forma mayoritaria, es inferior a 5 años; por no hablar del 50% de mortalidad de la fiebre amarilla. ¿Qué hace que esta vez cunda la alarma y el pánico más irracional se lleve por delante toda sensatez, cordura o mesura? Desde mi punto de vista -particular e intransferible – la constatación de que algo desconocido nos espera a la vuelta de la esquina y siempre demuestra que tiene capacidad para matarnos.
La gran revolución del siglo XX ha sido la sanitaria; una medicina que ha construido el sueño de la invulnerabilidad frente a las enfermedades infecciosas: vacunas, antibióticos y fármacos milagrosos acabaron con el azote de la tuberculosis, la parálisis infantil, el sarampión, la viruela -el gran asesino de nuestra historia – y nos hemos creído que lo controlamos y lo vencemos todo, que la lista de enfermedades mortales se reduce al cáncer y a cuatro cosas raras además del tabaco, la obesidad y los ataques cardíacos, pero la realidad se impone y la evolución deja ver su potencial destructivo de vez en cuando.
Pues bien: somos mortales y virus y bacterias intentan todos los días adaptarse a un entorno hostil creado por el ser humano en forma de fármacos y vacunas, pero llegará el día en el que una mutación consiga abrir una brecha, una enorme brecha de millones de muertos, en nuestra línea de defensa y ese proceso evolutivo con miles de millones de años de sabiduría y experiencia, ese científico anónimo que encuentra sin buscar, pondrá en circulación un enemigo que nos diezmará de forma significativa y reducirá el número de humanos de una forma importante.
Hasta que ese momento llegue lo sensato es aceptar que vivir mata y que lo mejor es adaptarse, tener tranquilidad y buenos alimentos. Sólo pasa lo que ha pasado siempre, pero con ruido, con mucho más ruido que antes y envuelto con mucha más estupidez.

sábado, 15 de febrero de 2020

Satisfacción y Libertad


Como certificación del miedo: 
el sistema de Blogger de Google no deja subir una imagen del cacharrito

Como las grandes revoluciones, la cosa nos llegó en forma de un suave y lejano rumor, un cuchicheo apenas audible hasta que se ha convertido en un clamor, casi un grito de liberación que, por encima del humor, deja ver muchas cosas y avanza grandes cambios en los usos y costumbres.
La sexualidad femenina ha sido, hasta hace muy poco, un territorio regido por oscuros arcanos que han dejado ver sus secretos desde hace muy poco tiempo y de forma muy tímida, poco a poco y manteniendo un cierto pudor ajeno a los grandes titulares.
Primera en el desfile de las revolucionarias fue la píldora anticonceptiva, que eliminaba una importante barrera: la posibilidad de embarazo. Libre de esa amenaza, la mujer empieza a volar sola, se abre a una sexualidad más naturalizada y espontánea ajena a la eterna amenaza del embarazo.
La segunda gran abanderada de la revolución ha sido la información; la comunicación masiva acerca de una sexualidad distinta a la masculina que según se iba conociendo, mantenía diferencias sustanciales que el hombre empezaba a conocer, manejar y, porqué no reconocerlo, a temer un poco: ya no bastaba con penetrar, había que “cumplir” y la cosa se llenaba de estadísticas, tiempos, acciones, gestos, liturgias y cosas muy complicadas que las generaciones precedentes ni conocían ni manejaban.
La tercera bandera enarbolada ha sido la absoluta libertad de las mujeres para actuar según sus deseos y su gusto: había llegado la independencia, la toma de la iniciativa y la igualdad a la hora de proponer, buscar o elegir.
Y este año, prácticamente ha sido cosa de un año, ha llegado el automatismo de la satisfacción sexual. Mucho más masculino que femenino, el automatismo sexual -erección, manipulación y orgasmo – ha llegado al mundo de la mujer y el asombro sacude a los dos sexos. Al femenino por la sencillez con la que un apartito les sube hasta el cielo y al masculino porque, si no estás muy tranquilo y con criterios muy estables, lo puedes llegar a asociar con la amenaza de la inutilidad más absoluta.
Una mujer libre, independiente, que alcanza la satisfacción sexual con naturalidad, regularidad y rapidez va a dar miedo a muchos, seguro. Ya da miedo con su independencia, libertad y -podemos decirlo claramente – su demostrada superioridad en todo lo que no es fuerza bruta, pero es que, ahora, con el famoso “satisfayer”, la mujer se coloca en un plano de igualdad con la sexualidad masculina que habrá que ver cómo evoluciona y cómo cambia usos y costumbres.
Ya se decía de antiguo que lo de la jodienda no tiene enmienda, pero es que la tecnología ha abierto puertas que descubren mundos nuevos, inexplorados y muy satisfactorios. Por lo menos, podemos decir que, en esto, solo en esto, les llevamos milenios de ventaja en cuanto a la experiencia. Bienvenidas, chicas: el mundo de lo sencillo, fácil, rápido y seguro os dará agradables sorpresas.

martes, 7 de enero de 2020

El margen de los 100

Tras los primeros 100 segundos de margen, se comprueba el fracaso del Gobierno



Transcurridos los 100 segundos de margen y cortesía para el nuevo gobierno de España, es hora de hacer un frío y equilibrado balance de la gestión del ejecutivo.
Hemos sido pacientes y, como manda la tradición, hemos callado expectantes durante el tradicional periodo de gracia con el que todo nuevo gobierno debe contar para demostrar su valía y, por desgracia, los grandes temas siguen candentes y sin visos de pronta solución, por muchas promesas que nos hayan regalado durante tan generoso periodo de gracia.
Como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, he aquí un repaso de la eficacia de las principales líneas de actuación gubernamental:
1º.- Donald Trump no ha pedido perdón por su asesinato selectivo encaminado a lograr la reelección en Noviembre y lo que es peor: demostrando el poco peso internacional de Pedro Sánchez, el presidente americano ni ha dimitido ni renuncia al proceso electoral de Noviembre. Lo anunciamos y no nos creían: he aquí la prueba de la intrascendencia y el general desprecio internacional del ejecutivo
2º.- Las mujeres de Arabia Saudita siguen sin poder vestir bikini en la playa. Ni la celebración de la súper copa ni la transigencia con los usos y costumbres del Wahabismo militante han logrado nada. Por mucho que Pedro Sánchez se declare feminista, en este campo no ha habido avance alguno.
3º.- Los Pujol siguen sin reintegrar su fortuna a las arcas del Estado. Demostrando su sumisión al nacionalismo catalán, Pedro Sánchez no ha logrado que la familia Pujol devuelva el fruto de sus continuadas rapiñas en justa compensación a la promesa de una mesa intergubernamental España – Cataluña. Otro fracaso más que añadir a la larga lista de decepciones que nos proporciona el Presidente.
4º.- La UE, una vez más, se niega a declarar Gibraltar como territorio español en claro rechazo a las justas reivindicaciones llevadas a cabo por el grupo parlamentario europeo de Vox y PP trabajando conjuntamente en defensa de España. Una renuncia vergonzante llevada a cabo, personalmente, por Pedro Sánchez en connivencia con Josep Borrell.
5º.- Los 5 muertos de este periodo confirman que la esperanza de vida de España se reduce tras la aplicación de las medidas sanitarias del nuevo gobierno y se constata la pérdida de eficacia del sistema nacional de salud. Tanto mejor nos iría con el desarrollo e implantación de los modelos privatizadores de la CAM.
6º.- Ni uno sólo de los españoles apuntados al gimnasio ha perdido un solo kilogramo de grasa desde la instauración en el Gobierno del nuevo ministerio. ¿Hay que dar algún dato más para demostrar que el Ministerio de Bienestar Social es un fiasco?
7º.- Alberto Garzón no ha conseguido que, bajo las nuevas directrices del ministerio de consumo, los operadores de telefonía, ni sus empresas contratadas, dejen de molestar con sus llamadas a la hora de la siesta. Su ineficacia es proverbial.
8º.- Según las últimas filtraciones, la Policía Foral de Navarra tiene ultimado su nuevo reglamento de tráfico que pretende imponer sanciones a los toros de San Fermín si superan la velocidad permitida en la calle Estafeta, declarada peatonal y con velocidad máxima de 10 Km por hora. Un ataque más a las tradiciones del mundo taurino perpetrado por este gobierno filocomunista.
9º.- Demostrando el claro rechazo social y el seguimiento de los consejos canónicos, ni un solo español se ha acogido a la posibilidad de adelantar su óbito tal y como permite la vergonzosa ley de eutanasia, verdadero torpedo a la línea de flotación de nuestros más sagrados valores y principios cristianos. Señor Sánchez: retire esa ley y dimita como corresponde a tan señalado fracaso.
10.- Por último, pues no hace falta más para desacreditar a este ejecutivo y poner de manifiesto su fracaso, tras el anuncio de las medidas para combatir la emigración rural y dotar debidamente a nuestros pueblos más despoblados, no ha habido ni un solo español o inmigrante que quiera alquilarme la casa que mis padres dejaron vacía en el terruño, por mucho que he bajado el alquiler y prometido arreglar las goteras. Una absoluta desidia e indefensión para los propietarios desprotegidos.
¿Hasta cuando los comunistas seguirán ejerciendo su tiranía sobre el sufrido pueblo español?