domingo, 12 de febrero de 2017

Aquellos perros…todos los perros


En vista de que mi amigo Curro sigue empeñado en juzgar mi afición a los perros bajo prismas que en nada me favorecen y que, además de injustos, me colocan justo allí donde es imposible encontrarme dentro del mundo del perro, emprendo la ardua tarea de combatir décadas de  ataques despiadados respecto a mi persona y particular relación con los chuchos y la cinofilia oficial.
Mural asirio (junto con los siguientes) mostrando un moloso

De entrada, declaro solemnemente que me gustan los perros y me gustan por encima de su apariencia física, pues su valor fundamental es que son buenos compañeros, virtud que valoro por encima de sus encantos y posibles virtudes oficializadas mediante ilustres ancestros. Me llevo con ellos mejor o peor en función de su carácter y de su educación; de las virtudes de su socialización, esas que harán de ellos un buen amigo o un ser ajeno a mi mundo. Hay que señalar -y volveremos a ello – que ese último caso es atribuible, en el 99,9% de los casos,  a la estupidez de amos que consiguen contravenir la natural tendencia del perro hacia “el llevarse bien” con todos para hacer de un ser encantador un elemento insoportable, cada vez más abundante en nuestras calles y zonas de recreo.

Dicho esto, también he de decir que me aprovecho, con mucho gusto, del buen trabajo de los criadores que han sabido potenciar el buen ejercicio de las funciones específicas de alguna raza y conseguir ejemplares de buen carácter, equilibrados, funcionales, sanos y bellos, tremendamente bellos; cualidad que no tiene que suponer ningún desdoro para los mismos animales; últimamente receptores de grandes críticas por el mero hecho de “ser de raza”. Un aviso para los puristas que niegan la bondad de la especialización y la permanencia de las razas alegando que “el verdadero perro no tiene raza”: se equivocan de medio a medio. El verdadero perro tiene una raza muy estable y definida: el lobo. A partir del lobo, el perro ha sido “creado”, desde el principio hasta el final, por el hombre mediante un proceso de selección similar a muchas razas hoy consideradas domésticas. Para los despistados: un cerdo de verdad tiene forma de jabalí; una vaca tiene la verdadera naturaleza del Uro y así hasta mencionar todas y cada una de las especies, animales y vegetales, que hoy consideramos como “domésticas”.
El idiota actual: Seven

Una amiga heredera de mil razas con todas las virtudes de una gran perra

El hombre altera la naturaleza y elije; selecciona, sueña y traza el camino hacia la meta que tiene en su cabeza avanzando, cruce a cruce y camada a camada, hacia la meta elegida. Lo hicimos con vacas, caballos, asnos, cabras, ovejas, gallinas, conejos, palomas y….¿hay que seguir? Todas esas selecciones perseguían mejorar una función determinada que, en el caso del perro, podemos enumerar como guarda, defensa, pastoreo, caza y sólo si la cosa marchaba muy bien y había recursos, el lujo de una compañía afuncional que no aportaba trabajo ni ayuda en ninguna de las funciones mencionadas. Y con la función, nacieron las diversas razas llegadas de la mano de apasionados, locos y soñadores que persiguieron el sueño del perro perfecto para la función designada.
Moloso original, probablemente, parecido al famoso Peritas de Alejandro

Hasta qué punto esto es verdad lo pone de manifiesto el alto grado de coincidencia morfológica entre los diferentes grupos de razas agrupadas por su función y con origen en una zona geográfica concreta. El que tenga dudas, que examine los perros de pastor centroeuropeos: belgas, holandeses, suizos, alemanes, checos…o los grandes molosos de Cárpatos, Balcanes y Anatolia. El último de estos empecinados creadores fue Luis Dobermann, cuyo empeño personal llevó a sus seguidores a fijar una raza -la misma con la que ahora convivo – fruto de una selección llevada a cabo siguiendo las exigencias de un objetivo concreto: el perfecto perro de guarda y defensa. Esto ocurrió a finales del Siglo XIX, pero lo malo, lo perverso, es que con el advenimiento del Siglo XIX llegó la Cinofilia Oficial, así con todas sus letras y sus estándares…y con muchas cosas más.
Ojalá hubieran dejado esta pintura de Goya como único texto del estándar del mastín.


Adelantando el final diré que esta cinofilia oficial presenta, hoy, un balance claramente negativo y esto es así porque se ha perdido de vista el origen y el inicio de todo: la función original, la necesidad de contar con un “trabajador-esclavo” eficaz dotado con el carácter, la salud y el tipo adecuado. Si se pierde el equilibrio entre todos estos factores el desastre es seguro y nos lleva a lo que hoy nos presentan como canon de perfección y no es más que un pobre bicho deforme, muchas veces tullido, casi siempre enfermo y que no puede encontrar otra función en el mundo de los hombres excepto la de convertirse en una fuente de problemas, gastos y frustraciones.
Si he participado en ese mundo fue animado por mi deseo de colaborar y ayudar a mantener lo que yo creo que debe ser el perro, criterio que ha quedado marginado y que defiendo desde posiciones de francotirador firmando todo manifiesto que encuentro en la red pidiendo apoyo para el combate en favor de la vuelta a los orígenes; corrientes siempre contrarias a lo que les están haciendo a esos que un día fueron titanes y compañeros y que hemos convertido en enfermos lisiados que parecen avergonzar a sus ancestros.
Becerrillo y otros perros soldados en la campaña de México

Me gustan los perros, todos los perros y es el momento de poner de vuelta y media a ese moderno ejército de dueños de perros que parecen pagados por el enemigo, verdaderos quintacolumnistas que trabajan en favor de que el perro acabe erradicado de nuestros entornos de convivencia. ¿Qué nos ha pasado? ¿Desde cuándo dejamos que un perro ladre o muerda a un niño? ¿Desde cuándo hemos decidido que los cachorros no pueden jugar y divertirse juntos para aprender las reglas de una correcta socialización? ¿Desde cuándo se considera normal que un perro adulto ataque a un cachorro? Y, por último: ¿Para qué cuerno tenéis perros si os dan miedo, si no os gusta verlos jugar y divertirse y, sobre todo, no queréis ni sabéis educarlos y convertirlos en adecuados integrantes de la vida ciudadana? Sois los mejores detractores de las bondades de convivir con un perro; sois nocivos como las termitas en la estructura de una casa que ya es, en España, demasiado débil; habéis conseguido llenar casas, parques y paseos de enfermos mentales y sociópatas de cuatro patas con los que sólo vosotros podéis convivir porque compartís las mismas carencias educacionales y sociales que vuestros perros, empezando por la más absoluta mala educación. Reniego de vosotros como reniego del demonio; me niego a que por gustarme los perros me pongan en el mismo espacio mental que a vosotros pues en nada me parezco ni nada comparto.





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Una gran parte de los actuales dueños de perros y una buena parte de los actuales criadores han perdido el norte y eso, en el caso de los criadores, es muy grave, pues su actividad lo determina todo, incluso la futura salud y carácter de los futuros -y casi seguros – mestizos que tengan la desgracia de heredar taras genéticas de los ejemplares que hoy vemos en las exposiciones de belleza, cada vez más cercana a la caseta de los monstruos de las antiguas ferias. Son perros que padecen, o son portadores, de enfermedades -desde la cistonuria hasta estenosis aórticas - fallos estructurales - displasias de codos y caderas - por no haber de la búsqueda de características que los hacen afuncionales pues sus criadores han forzado hasta el absurdo características como peso, prognatismo, longitud o líneas dorsales que niegan la verdad de las más básica biomecánica.

Una exageración absurda y fuente de problemas, seguro

No, la cinofilia oficial no puede justificarse a sí misma mientras no ayude a buscar la salud por encima de una apariencia más o menos estética. ¿Hay solución? Sí, pero no se quiere cambiar nada y nada se hace para proteger a los que se acercan a la raza y acaban metiendo en casa un pobre ser enfermo que, en lugar de ser una fuente de satisfacciones, se convierte en una pesadilla de frustraciones, gastos veterinarios y desastres varios. Las sociedades caninas no deberían dar ningún título de belleza sin el adecuado y pertinente control sanitario: radiografías, controles sobre todo tipo de enfermedades conocidas en cada raza y todas las garantías que puedan manejarse para que ese ejemplar pueda reproducirse con las máximas garantías. 
Una cabeza afuncional que convierte a un perro en fuente de problemas respiratorios, oculares etc

Pero eso no se quiere hacer, no interesa, no es negocio y seguiremos viviendo las mismas afrentas que ahora vivimos y que consiguen destrozar el trabajo de los pocos que quieren ser serios y luchan en inferioridad de condiciones. ¿Alguien se plantea esperar a cruzar un perro hasta que no cumpla 6 años y demuestre que no manifiesta ninguna enfermedad hereditaria? ¿Algún criador está dispuesto a someterse a controles externos antes de obtener el título de Campeón? Ya hay una buena montada con los alemanes que se han puesto serios con el control de las displasias en el Doberman como para decirles a los criadores de razas como el carlino, el bulldog inglés o francés, mastines o los cada vez más tarados labradores y goldens que sin salud no hay título, que la tendremos liada.
Un pequeño cuadro que recoge PARTE de las actuales carencias más habituales nos puede ayudara terminar de poner los pelos de punta:

Lista de enfermedades caninas diagnosticadas en el Servicio de Genética

TIPO DE ENFERMEDADPatología GENRAZA
Enfermedades Oculares
Ceguera nocturna (CSNB)RPE65Pastor de Brie
Atrofia retinal progresiva (GR_PRA1)SLC4A3Golden Retriever
Atrofia retinal progresiva (PRA)C2orf71Corgi, Setter irlandés, Sloughi, Mastín, Pointer, Husky, Samoyedo
Catarata hereditariaHSF4Staffordshire Bull Terrier, Pastor australiano, Boston terrier
Luxación primaria de lentes (PLL)ADAMTS17Bullterrier, Jack Russel Terrier, Tibetan Terrier, Fox Terrier, German Hunting Terrier
Anomalía ocular del Collie (CEA)*NHEJ1Collie
Degeneración de conosCNGB3Alaskan Malamute, Siberian husky y miniature Australian shepherd.
Enfermedades nerviosas
Narcolepsia (NARC)HCRTR2Teckel,  Labrador, Doberman Pinscher
Lipofuscinosis neuronal ceroide (NCL)PPT1Teckel
Lipofuscinosis neuronal ceroide (NCL)CLN5Border Collie
Otras enfermedades 
Hiperuricosuria e hiperuricemia (HUU)SLC2A9Dálmata, Bulldog, Black Russian Terrier, Schnauzer Gigante, Large Munsterlander, South African Boerboel, Weimaraner
Trapped Neutrophil SyndromeTNSBorder Collie
Polineuropatía NDRG1Alaskan Malamute
Deficiencia de adhesión leucocitaria canina (CLAD)CD18Setter irlandés
Osteogénesis imperfecta (OI)SERPINH1Teckel
CistinuriaSLC3A1 Terranova
Sensibilidad a ivermectina (MDR1)ABCB1Collies, Pastor australiano, Viejo pastor inglés
FucosidosisFUCA1Springer spaniel inglés
Otros caracteres
Tolerancia  al calorMYH9Alaskan Malamute, Siberian Huskies, German Shorthaired Pointers, Borzois





Es absolutamente prioritario volver atrás, al origen y perseguir, por este orden, salud, carácter y tipo; recuperar perros de 14 y 15 años que lleguen a la vejez sin haberse pasado media vida en los veterinarios y recuperar el carácter, aunque eso implique restringir el posible mercado de una raza por falta de dueños que sepan tratar a un chucho al que hay que ganarse, educar y socializar en condiciones.
No los busquéis: ya no existen


Dogo de Burdeos: antes y después del desastre 
Y además de toda esta frustración, vivo en España, un desierto de tradición canina; un páramo en el que el perro no ha formado, ni forma, parte de la sociedad humana, esa que en otros países europeos les abre las puertas de hoteles, autobuses, bares y espacios públicos ofreciendo un paraíso que miro con envidia y con la leve esperanza de que, algún día, estos lares aprendan a convivir con los chuchos como debería ya ser normal en una sociedad europea.

Me gustan los perros, todos los perros, pero añoro aquellos perrazos que sólo puedo encontrar en antiguos álbumes de fotos y en reportajes sobre remotas zonas del mundo en las que nuestros compañeros de siempre siguen trabajando contra lobos, osos, nieves y hambres como si eso fuera lo más normal del mundo. Mi senda en el mundo del perro "oficial" no ha llegado a ninguna parte, sólo al desierto andén de la frustración, pero...me siguen emocionando algunos perros, algunos criadores que lo hacen bien y me siguen gustando los perros; todos los perros, aquellos perros...
Homenaje al salvador de más de 40 vidas: Barry, San Bernardo

Como siempre, escribir esto no habrá servido de nada excepto para quedarme tranquilo y poder decir, cuando surja el tema, "yo ya lo he escrito. El que quiera saber lo que pienso de verdad, que se lo lea", pequeña venganza que tampoco sirve de nada:-)














sábado, 14 de enero de 2017

LA SOCIEDAD TECNOLESCENTE



Hace tiempo que vengo dando vueltas a la necesidad de encontrar explicación a algo que, para mí, constituye un misterio y que he venido observando en conversaciones dispersas con compañeros de trabajo y otras fuentes que no pueden catalogarse como estructuradas o metódicas, pero que suelen llevarme a la misma pregunta: ¿qué hay debajo de la enorme dificultad que encuentran los jóvenes para estructurar sus relaciones personales conforme a patrones sencillos, estables y más o menos tradicionales? Esta nota trata de centrarse en el misterio bajo una denominación casual que acuñé hace meses como algo informal y que, a la larga, ha retornado como un término lleno de significado; como paradigma de un periodo vital en el que el ser humano busca referentes adultos a los que orientar sus preferencias según lo que, se espera, sea su mundo futuro como adulto: la adolescencia.

No se trata de analizar punto por punto todos y cada uno de los elementos conductuales que caracterizan la adolescencia, pero sí de comparar los grandes rasgos de ese periodo en relación con lo que, ahora mismo, constituye el futuro de una sociedad que acaba de iniciar su camino dentro de una revolución que se está llevando por delante el mundo tal y como lo hemos conocido hasta el momento. Estamos en el inicio de una carrera cuya velocidad aumenta de manera exponencial y que, todavía, no ha mostrado con claridad el destino final de esos cambios. 1993 puede situarse como el punto de salida, la gran explosión que lo ha cambiado todo sobre la base de una nueva tecnología cuya expansión global lo ha cambiado todo. Si a esa explosión de internet y sus consecuencias añadimos los efectos de una crisis económica brutal y sus muchas derivadas, (1) podemos darnos cuenta, sin demasiado esfuerzo, que el futuro de los que ahora transitan entre los 20 y los 30 años, se constituye como un territorio móvil, sin patrones estables que dificultan enormemente la aceptación de un referente sobre el que orientar la propia vida.

La tecnología es la base actual sobre la que se construye todo, incluyendo en el término los enormes avances de la ciencia cuyas manifestaciones prácticas se incorporan a la realidad tecnológica de uso cotidiano con una rapidez impensable. Es, con esa idea y con esa perspectiva, desde la que me acerco a intentar comprender lo que otros, mucho más jóvenes, deben estar viviendo y las consecuencias que sobre sus vidas tiene un mundo que les escamotea el futuro entre una espesa niebla de cambios y referencias inestables que desorientan y confunden la toma de decisiones.

Parece que, como sociedad, dejamos atrás la época del carbón y su revolución industrial para abrazar, de lleno, la era de las aplicaciones tecnológicas que globalizan al individuo para colocarlo fuera de cualquier frontera o barrera espacial que fije su pertenencia definitiva a un  marco social establecido y similar al que habitaron generaciones pasadas. No podemos hablar de una geografía restringida y permanente como lugar al que sumarse como individuo “perteneciente a” , circunstancia a la que hay que sumar los cambios en los modelos relacionales entre sujetos que abren el catálogo de posibilidades a nuevas formas de convivencia y preferencia sexual mucho más amplio del que existía antaño y la voladura, descontrolada, de los modelos de relación laboral que sustentaron el crecimiento económico de las clases medias desde mediados del Siglo XX.

Sumado todo y construido un panorama global en el que el individuo debe afrontar la toma de las grandes decisiones que conformarán su futuro, no es extraño que nos encontremos con un grupo de edad desnortado, confuso y carente de elementos con los que construir su propia identidad.Y además: eso no es todo, pues los cambios, en el caso concreto de España, también afectan, y mucho, a los roles atribuidos al género del sujeto aumentando el caos de una manera significativa debido a la permanencia de estereotipos machistas en una sociedad que parece retroceder hacia la seguridad de esquemas que muchos, equivocadamente, creímos superados y olvidados.

El ser, hoy, hombre o mujer en España añade, como en otras culturas históricamente dominadas por “el macho”, un elemento más a la sensación de pérdida con la que los sujetos viven ese periodo de cambio y de búsqueda; un problema más al que encontrar solución sin un manual de instrucciones validado por la experiencia pasada o por los elementos de referencia cultural que se hayan validado históricamente. Y como la mujer y el hombre pueden hacer lo mismo, pero de manera distinta, nos encontramos con una separación muy bien definida entre las conductas femeninas y masculinas, esas que, necesitadas de lo mismo, viven el cambio con consecuencias muy distintas.

Para ellos, educados en la obligación de adoptar patrones de guía y responsabilidad total sobre su vida y la de su familia, la realidad de la mujer actual, libre, educada, formada y sujeto que se percibe en plano de absoluta igualdad con el hombre, esto supone un reto que les coloca a la defensiva y les genera una inseguridad que, en muchos casos, genera un patrón de violencia como rechazo a esa dinámica de pérdida.(2) Parecen vivir esa circunstancia como una nueva pérdida que les roba otra línea definida con la que dibujar su futuro. 

Para ellas el problema es distinto: ¿dónde, cómo y según que patrones estables anclar sus decisiones de forma segura para construir su vida y, en el caso de que así se dese, tener hijos dentro de un núcleo que garantice la viabilidad de su estructura familiar? (No olvidemos que, hoy en día, la mujer como único elemento parental, es algo habitual y que ofrece una posibilidad más dentro de ese amplio catálogo de opciones que hace del macho un elemento “accesorio” y voluntario, nunca necesario).

Hace décadas que el acceso al sexo dejó de ser consecuencia del establecimiento de lazos sociales permanentes; el sexo es una elección libérrima que no ata ni construye una relación estable; es catalogado y asumido como una satisfacción orgánica que no implica nada, ni para ellos ni para ellas, situación que deja al “macho” fuera de cualquier terreno próximo al compromiso y al condicionamiento de su futuro como “padre” o como figura sustentadora de la unidad familiar.

No, no hay patrones, no hay mapas con rutas conocidas que nos lleven al futuro y, a diferencia de lo que otros vivimos, no hay compromisos laborales o personales estables. Mi generación se entregó a la tarea de trabajar en la falsa idea de que trabajando bien, siendo honesto y dedicando lo mejor de nosotros mismos al trabajo por encima de cualquier otra cosa, el pacto se respetaría y “la empresa” no nos dejaría tirados en las cunetas del futuro. Craso error que los jóvenes ven con claridad y que tampoco les ofrece solución: la fuerza laboral es prescindible, intercambiable, disponible en cualquier lugar y a cualquier precio. El trabajador es un coste fijo en la cadena de valr del producto que hay que tratar de disminuir constantemente sin que haya protección alguna por parte de sindicatos, organizaciones o gobiernos, todos entregados a la causa y atados de pies y manos, inertes ante el poder del dinero.

¿Cómo van a estructurar estos jóvenes, ellos y ellas, una relación de pareja estable, comprometida, feliz y positiva si no hay nada que les permita tomar decisiones razonables que construyan un futuro medianamente claro? La sociedad vive, ahora, las primeras etapas de un tránsito dominado por la tecnología que no ha hecho más que empezar y cuyo desarrollo se presenta todavía más convulso, difuso y carente de patrones sobre los que construir nada, salvo la necesidad de una adaptación y un aprendizaje constante. Esto es lo mismo que vaticinar la prolongación de la adolescencia social “sine die” y asumir las consecuencias que tal estado de indefinición nos asegura. Sólo aquellos los que se sientan seguros en la inseguridad, los escasos navegantes de tormentas feroces, podrán atreverse a diseñar y decidir sobre su futuro sabiendo que su única decisión real es evolucionar y sobrevivir el tiempo que les permitan sus habilidades hasta que llegue el naufragio y la obsolescencia de las habilidades que les hayan permitido sobrevivir hasta ese momento. 

El estereotipo de las relaciones de pareja no es, hoy en día, nada más que un modelo que se va alejando de la realidad a marchas forzadas, pues los requisitos que los hacían posibles se van esfumando de la realidad cotidiana con mucha rapidez. Hoy se puede disfrutar, sin problemas, de un pálido reflejo de lo que es la convivencia en pareja que mi generación ha conocido: el sexo es accesible y múltiple; la convivencia esporádica también, pero sin aceptar sus reglas básicas de compromiso, construcción y el necesario esfuerzo común para la generación de un futuro deseado por ambos. Todo eso es pasado, hoy debemos adaptarnos al AQUÍ, AHORA Y EN ESTAS CIRCUNSTANCIAS ¿Mañana? Quien sabe.

Así las cosas, la pareja tradicional se presenta como una búsqueda complicada, una cacería del último unicornio, un empeño poco menos que imposible mientras no se puedan generar patrones temporales estables y prolongados en el tiempo. Es necesario que todo se asiente, que el torrente que nos lleva a toda velocidad genere remansos en los que se pueda asentar el aprendizaje y permitir la adopción de decisiones que permitan al sujeto sentirse “dueño de su destino” gracias al aprendizaje de las normas de una nueva sociedad, esa que se está creando y que ,todavía, no las ha generado.

A diferencia de otros periodos históricos que necesitaron el enorme esfuerzo de generaciones enteras para la reconstrucción y regeneración, esta generación no puede plantearse construir si no tiene los patrones de construcción que esas generaciones pasadas sí tuvieron. A la obra actual de los jóvenes llegan materiales dispersos y bocetos borrosos; tareas mezcladas que nadie sabe bien cómo asumir y desarrollar; lo que hoy se construye mañana ha quedado arrumbado, obsoleto y despreciado, las herramientas y los oficios cambian en poco tiempo y así, todos lo sabemos, es imposible construir nada. Los antiguos pretendientes de Penélope ya lo sabían desde tiempos de Homero, no es nada nuevo.

Y por si todo eso fuera poco, y ciñéndonos al caso de España, la educación recibida, sobreprotectora y en muchos casos nociva, no ayuda. (3) Muchos -por supuesto que no todos- no han sido educados y templados según un esquema de dureza que les permitiera afrontar los agotadores esfuerzos de la lucha diaria según lo que, otros, hemos considerado normal. Muchos, repito que no todos, no han tenido que afrontar con normalidad la frustración de “no tener”, de ganar y perder en el normal juego de la vida. Sus padres han hecho de capa protectora frente a las inclemencias de la vida normal, no les han puesto límites y reglas definidas, no han acompañado su desarrollo personal y facilitado el distanciamiento y el desarrollo de sus capacidades e independencia. Han sido llevados y traídos, lo han disfrutado todo sin el normal trabajo de ganarlo y eso ha construido un pobre aprendizaje. Hoy se ven solos ante el peligro, no les han dado las armas necesarias para pelear en una sociedad que cada vez exige más a cambio de menos y muchos, no todos, se entregan a un estado de permanente perplejidad abrazados a su condición de “ni-nis” mientras disfrutan de la perversa, y aparentemente eterna, seguidad de sus hogares paternos,la misma que nada les reclama y nada les exige ni enseña.

Vivimos una época muy exigente para todos, una época que, a los más mayores nos tiene en un disparadero constante cuyo blanco es la exclusión de la vida laboral y que, a los más jóvenes, les pide firmar un contrato en blanco a cambio de muy poco; pero ese muy poco debe ser considerado como “la posibilidad de hacerse un sitio”, pues fuera del circuito, en las cunetas, no hay nada, solo confusión, desánimo y una frustración que no saben manejar.

Y, como siempre, en esta confusión, en este caos, en medio de todo esto que nos descoloca y sorprende, hay esperanza y hay futuro para los que asuman su posición de forma comprometida y consciente, para los que se entregan a la tarea de construir su futuro con dedicación y compromiso -bien sea de forma individual o en pareja- sabiendo que cada día es una oportunidad para crear su propia realidad de forma positiva; que cada hora es un espacio para crear una realidad mejor para “el otro”, no un momento en el que exigirlo todo sin implicarse y que debemos estar dispuestos a darlo todo a cambio de nada. Si esa dinámica se instala en el interior de los sujetos y se asume sabiendo que les brindará la oportunidad de disfrutar un tiempo esplendoroso, la idea de que sea o no permanente, dejará de ser la piedra angular del modelo asumido. Puede ser corto o largo, pero siempre debe ser pleno, positivo y asumido con ansias de eternidad. vamos, un poco como siempre lo hemos vivido todos los que pasamos antes.

La sociedad puede ser tecnolescente y caótica -que lo es- pero los individuos podemos construir un mundo subjetivo sólido y capaz de luchar contra “el exterior”, ese infierno de Sartre constituido por “los otros” que siempre conspiran para derrotarnos y robarnos todo lo bueno que puedan arrebatarnos. Los que hoy miran su realidad en busca de futuro deben ser conscientes de que siempre, en cualquier época de la historia, otros muchos han sentido algo parecido, pero que asumiendo la necesidad del esfuerzo, del compromiso con uno mismo y buscando la colaboración de los que se hayan igualmente comprometidos en ese esfuerzo, la sensación de felicidad es posible y la vida cotidiana es más agradable. 

Hay muchas razones para la desesperanza y para el pesimismo, pero si volvemos la vista atrás, siempre las ha habido y el ser humano lleva milenios sobre la tierra construyendo su autodestrucción, que llegará algún día sin que eso sea razón para que nos entreguemos sin luchar al enemigo. (4) Y la lucha debe encaminarse a la autorealización, solos, en pareja o como se quiera, pero siempre partiendo de la base de cumplir como los buenos, de darlo todo y de mirar hacia adelante sabiendo que, mientras el compromiso permanezca, los que luchan juntos en el frente, son conscientes de que el enemigo está delante, no al lado. Eso sí: hay que elegir bien al compañero y si no lo hay, ponerse las pilas para hacer de este corto espacio de autoconciencia que llamamos vida, un lugar medianamente habitable.

         (1) Una de las consecuencias directas de la crisis económica podemos concentrarla en la afirmación que nos asegura “que se ha demostrado que el avance lineal de la historia es una falsedad”. Efectivamente, las fuerzas de la reacción han tomado impulso y arrasan con todo lo que pueden y han coseguido desmantelar una importantísima parte de las conquistas sociales de los trabajadores.


        (2)  La permanencia de los patrones claramente machistas en el seno de familias, educadores e           instituciones es    realmente preocupante y sorprendente. Algo que parecía en franca retirada, permanece y recupera posiciones sin que la sociedad reaccione con intensidad ante el ataque. No sólo el Islam cuenta con el “respeto” debido a la libertad religiosa políticamente correcta, no: Rusia quiere eliminar la agresión machista de la lista de delitos y son muchas las mujeres que, todavía hoy, no educan igual a sus hijos de distiinto sexo. El chico mantiene privilegios inexplicables. Parece que eliminar el machismo no es sólo cosa de hombres, las mujeres deben plantearse el tema de forma muy seria.

 (3) Recomiendo leer el artículo de Berta G. de la Vega en El Mundo (http://www.elmundo.es/papel/todologia/2017/01/11/5874d407268e3e6f3a8b45bc.html) Muy acertadamente, pone de manifiesto la falta de “fibra moral” de unas generaciones sobreprotegidas a las que se ha educado en la incapacidad para valerse por sí mismos.


        (4) Si analizamos la historia, podemos ver que la situación normal de humanidad ha sido la guerra y la necesidad de afrontar cambios radicales que afectan a poblaciones enteras. No podemos imaginar las consecuencias de la llegada de César a las Galias de la misma manera que pensar en ser invadido por los Mongoles de Gengis Khan y su concepto de conquista está fuera de nuestras peores pesadillas. Por hablar de alguna época más cercana, tampoco, con nuestros ojos, podemos darnos cuenta de lo que significó la revolución industrial para los integrantes de ese proletariado inhumano que los arrancó de granjas y cultivos. No, la historia es guerra, cambio y destruccion, de manera que no podemos conformarnos con pensar que este cambio es peor; simplemente es distinto y los que lo viven deben ser conscientes de su responsabilidad a la hora conseguir que no lo arrase todo como hasta ahora.

sábado, 7 de enero de 2017

La sociedad de la desinformación


Esta reflexión se escribe en un ordenador portátil conectado a internet en el que suena, gracias a las prestaciones de la red, una recopilación de las mejores arias de María Callas, una maravilla conservada en “la nube” y accesible a cualquiera que quiera pasar un buen rato, de la misma manera que se ofrece, abierto al mundo, un inmenso acervo cultural que era impensable, inaccesible e inmanejable para nuestros ancestros. Nunca, como ahora, el mundo se ofrecía, servil y dócil, para llegar a nosotros mediante el simple y sencillo acto de apretar el botón de un adminículo electrónico. Nada que objetar a ese respecto pues el denominador común de todo ese nuevo universo puede catalogarse como positivo, pero…y siempre hay un pero, en ese universo cabe todo, como siempre: lo bueno y lo malo y además, el medio, el entorno físico y cognitivo en el que debemos integrarnos para disfrutar de sus ventajas y maravillas, tiene un código que nos condiciona y que nos genera algunas contradicciones.
Si hacemos caso al siempre vigente Marshall McLuhan y su famoso “el mensaje es el medio”, veremos, al analizar la génesis de la actual WWW – no confundir con la previa “internet” – que la razón de su generación se basó en la posibilidad de:
a.- transmitir información gráfica
b.- relacionar contenidos mediante enlaces directos
el primer objetivo nos habla de una información transmitida a través de códigos visuales cuya implicación cognitiva es diferente a los procesos seguidos en el análisis de la información textual. El segundo punto nos ofrece la posibilidad de saltar de un documento a otro, de un concepto a otro en un entorno -el ordenador – por completo ajeno al universo tradicional de transmisión cultural: el libro de papel, el documento físico sobre el que siempre se había transmitido la cultura.
El primero nos pone a trabajar según capacidades fisiológicas completamente distintas de las que usamos en el análisis de los textos y del lenguaje escrito. El soporte de la información es distinto y nuestros procesos de análisis también, de manera que ponemos a trabajar áreas del cerebro distintas a las que se han potenciado en el ambiente cultural durante siglos y el segundo, ataca frontalmente el proceso de análisis exhaustivo y la reflexión propia de la profundización en los conceptos inherentes a la lectura de un libro aislado. Somos nosotros los que, en el caso del libro, procesamos, almacenamos y RELACIONAMOS la información recibida conforme a lo que conocemos del tema gracias a los contenidos almacenados en nuestra memoria. Este proceso nos puede llevar a situaciones geniales propias de aquellos que supieron poner en conexión diferentes aspectos o perfiles de una realidad desconocida previamente y que pudo estructurarse gracias a la intuición, chispa o especiales cualidades de los pocos que supieron ver una unidad en aquello en lo que otros sólo pudieron acercarse a la contemplación de realidades parciales ajenas al conjunto. Ellos crearon o descubrieron las relaciones ocultas sin que nadie les sugiriera un camino prestablecido como ahora ocurre con los hipertextos, esos subrayados azules que salpican cualquier trabajo serio y que nos condenan a seguir caminos ya trillados y por otros establecidos. Es más, seguimos ese camino dando por hecho la validez del trabajo sugerido; nos entregamos a una verdad o realidad establecida por otros mientras que, en el caso de los libros y los trabajos universitarios, estamos sujetos a cumplir con la académica suspicacia que nos obliga a seleccionar trabajos, investigaciones y metodologías con la desconfianza de un mercader fenicio buscando ocultos engaños en la mercancía ofrecida.
Así pues, la actual realidad “virtual” nos obliga a usar capacidades distintas y metodologías de análisis empobrecidas con respecto a lo que el ser humano ha venido haciendo desde el descubrimiento de la escritura y por ende, de la transmisión de los conocimientos adquiridos de generación en generación. Y además, nos obliga a hacerlo a una velocidad sorprendente y poco adecuada a la biología en cuanto a elemento determinante de la generación de terminología y sedimentación de los enormes caudales de información disponibles: no tenemos tiempo -tiempo de vida – suficiente como para nombrar, discernir, analizar, relacionar, procesar y sedimentar todo lo que nos llega para formar criterios y posturas ante lo que estamos viviendo: nos hemos convertido en ciegos dentro de un universo lumínico de tan alta intensidad que nos impide discernir el detalle con claridad, estamos perpetuamente deslumbrados por nuevos destellos cegadores que nos impulsan a movernos en nuestra pequeña vida dando tumbos de un obstáculo a otro sin que podamos anticipar nuestros movimientos y evitar los tropezones.
Desde hace poco más de 20 años vivimos un cambio en los paradigmas que dominan la transmisión cultural mucho más importante que el cambio derivado del imperio de la televisión, verdadera carga de profundidad contra la información transmitida a través del texto escrito en papel. Y adaptarnos a ese cambio nos va a consumir tiempo, un tiempo que ya no tenemos, un tiempo que nos arrolla y nos desborda en forma de un incontenible alud informativo cuyas cualidades vienen mezcladas y entrelazadas; un alud que lo cambia todo ante la inercia de todos y la pasividad de casi todos con excepción de los pocos que se alzan contra alguna de las funestas consecuencias que ya empiezan a consolidarse como parte de nuestras vidas. Personalmente, estoy en lucha contra alguna de esas nuevas realidades que todos aceptan como normales y a mí me generan una cierta neurosis existencial de complicada digestión:
La primera de ellas es la degeneración del lenguaje, arrastrado hacia una pendiente de pérdida en cuanto a su extensión y también, aspecto especialmente peligroso, en cuanto a la correcta transmisión de los conceptos soportados por la palabra. El primero de estos peligros viene determinado por dos cuestiones fundamentales:
1º.- la falta de lectura y aprendizaje de las palabras que definen nuestro universo -cuánto mal han hecho los planes de educación empobrecidos y vacíos de contenidos antes considerados básicos – por la falta de cultura general inherente a la lectura y al dominio del entorno físico y
2º.- por la velocidad y evanescencia de los términos acuñados sobre las exigencias de esa nueva realidad tecnológica, siempre efímera y siempre cambiante; una realidad que obliga a conocer y abandonar terminologías relacionadas con realidades que no perduran ni acaban de asentarse en el universo cotidiano de la comunicación del común de los mortales.
Ambas tendencias nos hacen más pobres, más vulnerables ante la realidad y, sobre todo, hacen que nuestro universo sea más pequeño cada día. Cuando perdemos la palabra, perdemos el concepto y esa parte de la realidad con la que somos capaces de definirlo, asumirlo e interiorizarlo para aumentar nuestra concepción del mundo y de sus reglas, de su realidad completa. No parece que los especialistas tengan duda sobre eso, de manera que los nuevos estudiantes ven mermada tanto su capacidad de comprensión como su capacidad de expresar aquello que, con un léxico más rico, podría facilitarles la transmisión de nuevas ideas propias de un mundo tan complejo como el que ahora nos hace accesible la tecnología. Respecto a la evanescencia y falta de permanencia de las nuevas palabras -normalmente anglicismos de dudosa definición y aceptación universal – sólo puedo decir que, en mi día a día, sufro las consecuencias de esa falta de vigencia en forma de discursos confusos cuyo significado es tan disforme como el número de receptores que se ven sometidos a él. Un verdadero babel de interpretadores que acaban confundidos, inertes y pasivos sin saber bien a qué atenerse con respecto a la idea que se ha tratado, sin éxito, de transmitir. Un verdadero sin sentido que domina muchas de las facetas de la actual actividad empresarial.
Este último punto se relaciona íntimamente con el segundo apartado que mencionaba arriba sobre la “degradación de los significados y los términos”, algo que en los últimos años ha sido especialidad de los políticos y su capacidad para negar y rehusar la realidad de sus manifestaciones públicas. Esto, que no debería pasar del estado de “intento de engaño” debidamente corregido por la prensa, se ha consentido y apoyado sin descanso hasta generar una realidad lingüística paralela que ya nadie es capaz de acotar y reorientar hacia el sencillo uso del diccionario. Han conseguido tomarnos el pelo y hacer claudicar al lenguaje ante sus espurios intereses políticos sin que nadie nos defienda mediante el sencillo truco de usar el diccionario de la RAE de sencilla consulta a través de su página web.
La desidia ha llegado a tal extremo que hemos podido ver la consagración de términos tan absurdos como el de “posverdad” cuya definición en la famosa Wikipedia nos informa: “es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales”. Es decir: una mentira; simple, llana y asquerosa mentira sin más. ¿Somos tontos? ¿Vamos a consentir que esa tendencia nos lleve a dejar que una creencia se asiente como verdad en función de que cualquier loco fanático se empeñe en decir que la tierra es plana porque sus creencias así lo exigen? ¿Vamos a dejar que se eluda la verdad en función de que esa realidad le resulte incómoda al primer mentiroso que vea ventaja en su negación? Tristemente, parece que estamos dispuestos a rendirnos sin luchar la plaza y abrir las puertas del triunfo a cualquiera que niegue su mentira y acuda a un nuevo término tan abyecto como el que encierra tan nocivo palabro.
Cabalgando esa degradación del lenguaje también se ha colado un invitado perverso en este nuevo universo definido por la tecnología: la falsedad, la mentira interesada, el bulo y la información falaz o no contrastada. Derribadas las barreras de la realidad y la verdad, estamos sometidos al constante ataque de la mentira que impera sobre cualquier debate público sin que haya mecanismos que nos defiendan de sus consecuencias. ¿Ejemplos? Tenemos muchos, desde la sustentación de la argumentación en favor de la independencia de Cataluña, al Breixit o el triunfo de Donald Trump apoyado en las constantes mentiras de medios electrónicos cuya única vocación se ha manifestado en el lanzamiento de mentiras que favorecían sus delirios hasta el punto de poner en marcha el debate sobre la necesidad de poder controlar la difusión pública de tamaños engaños malintencionados.
La realidad es preocupante y lo es porque, si bien nunca ha habido más y mejor información accesible, parece que el grueso de la población ha decidido entregarse al abandono de la excelencia como meta. En paralelo a una élite universitaria con una preparación exquisita, convive una masa adocenada que no hace el esfuerzo de elegir lo bueno en detrimento de lo malo; una masa inerte e indefensa por su incapacidad -voluntaria – para formarse y elegir contenidos ricos y satisfactorios dando ventaja a … ¿qué consume esa masa que vive de espaldas a los libros, a la búsqueda de la verdad, a la excelencia del arte a su alcance; ignorante de todo pero con opiniones basadas en mentiras interesadas? Personalmente no lo sé, intuyo que consumen basura generada en televisiones y páginas de internet que les permiten reforzar esas opiniones dándoles informaciones tendenciosas y “a medida” de sus propios intereses, pero no tengo datos reales sobre esa penosa realidad ni de la satisfacción que ese consumo endogámico, empobrecido y miserable les puede dar, pero los indicios son preocupantes, la verdad.
Vivimos una sociedad voluntariamente desinformada e inerte justo cuando la realidad de la tecnología y las comunicaciones debería conseguir todo lo contrario. Contradicciones del género humano. Sic transit gloria mundi.


viernes, 9 de diciembre de 2016

CRIANDO MONSTRUOS

Al cartel le falta la indicación 
"MAL EDUCADOS"


Las señales se dejan ver desde hace tiempo sin que nadie, al parecer, quiera profundizar en el significado y en las nefastas consecuencias que anuncian. En los últimos veinte años los niños y los adolescentes de este país parecen haber perdido el norte y cada día, con más frecuencia, sus actos y sus desvaríos ocupan titulares de prensa que llaman poderosamente la atención. Curiosamente, la mayoría de los textos que desarrollan los titulares cargan la mano pidiendo medidas que afectan a muchas áreas de la vida social y colectiva, pero pocos, demasiado pocos, dirigen sus reclamaciones y sus demandas hacia el principal núcleo de socialización de esos adolescentes sin rumbo: Los padres.

Hace poco, demasiado poco, una niña fallecía por una intoxicación etílica con trece años con el agravante, impensable, de que no era ni la primera ni la segunda vez que había tenido episodios de borracheras con el pleno conocimiento de sus padres. Si inacción al respecto, su comprensión, su aceptación de un hecho tan nefasto y tan perjudicial para la vida de su hija es, desde mi punto de vista, un hecho doloso que debería ser considerado como tal a la hora de buscar causas y responsabilidades. Lo malo es que, a esa edad, a los trece o quince años, el daño ya está hecho y el proceso educativo y de socialización ha alcanzado un estado en el que las bases del error se han consolidado demasiado. 

El proceso educativo empieza en los primeros meses de vida del niño, esos en los que empieza a d¡saber que hay determinadas normas de comportamiento básico que deben cumplirse para obtener las recompensas normales de la vida en ese estado: atención, afectividad, juego, cariño, comida, satisfacción etc, algo muy básico cuya consolidación e interiorización demanda una atención y una lucha constante que, según muchos hemos comprobado, requiere un esfuerzo permanente y diario. Todos sabemos lo pesado y lo frustrante que es recordar todos los días exactamente las mismas normas, esa sensación de “este niño no se entera” que da paso a “este niño es un enemigo mortal que se entera perfectamente y me busca las debilidades con la frialdad de un asesino psicópata”. Por  mucho que autores y corrientes nos hablen de las bondades de la infancia, no se nos debe olvidar que la tendencia natural del niño, y de todo organismo inteligente, es la de hacer su santa voluntad de forma inmediata e ineludible y que, si esa tendencia choca con la norma establecida, lucha a muerte contra ella.

Los padres tienen el máximo poder sobre un niño de dos años y, sin embargo, hace tiempo que se oyen cantilenas del estilo “no sé que hacer con él”, “me puede, no consigo que me obedezca”, “si le digo que no, me la monta hasta que lo consigue” y frases parecidas que revelan la rendición parental de una forma flagrante ante la que se debería reaccionar y pedir ayuda para buscar los métodos adecuados que impidan la continuación de esa deriva que lleva, de forma directa, al fracaso educativo.

La situación es grave y los padres que luchan lo hacen solos y contra la corriente dominante; pelean no sólo contra sus hijos, lo hacen contra la dejadez de la mayoría de los padres que se han rendido y que dejan, como ejemplo, que sus hijas de 13 años lleguen borrachas a casa “porque es normal”. No, no es normal, lo normal es que una niña de 13 años tenga horarios, premios y castigos, cumpla unas reglas o se enfrente a consecuencias que no desea; lo normal es que los apdres sepan y se preocupen por las actividades que desarrollan sus hijos, dónde, cómo y con quien y eso, como podemos confirmar todos los que hemos tenido que hacerlo, es una tarea ímproba, ingrata y agotadora, pero es lo que nos toca hacer a los padres. Tan normal es que un niño intente burlar la norma como que, si es sorprendido haciéndolo, se le caiga el pelo en forma de castigo automático  y eso es así porque nuestra sociedad se ha estructurado conforme a esos códigos de conducta: el que la hace, la paga. Así de sencillo y así de simple.

Los profesores se encuentran desvalidos, los apdres no aceptan que su hijo sea castigado; los mandan en un estado educativo próximo al salvajismo; no saben usar cubiertos en la mesa, no aceptan la frustración generada por los deseos insatisfechos; rechazan las reglas colectivas sabiendo que no van a tener castigo y que, lejos de reforzar la labor del profesor, sus padres le darán todo aquello que el niño solicite con tal de no aguantar la bronca en casa. 

La Guardia Civil avisa de las normas de uso de los móviles, la edad en la que un niño puede acceder a tan preciado bien; las aplicaciones que puede o no puede usar y…ni caso, oiga Vd. Y los adultos, lógicamente, se defienden de esas hordas de salvajes asilvestrados buscando espacios en los que poder comer tranquilos sin que una manada de enloquecidos destrocen el ambiente con sus gritos, lloros y demostraciones d mala educación. ¿A quién le extraña? A mi no, desde luego. Creo que todos disfrutamos de la compañía de niños y adolescentes bien educados y nos ponen los pelos de punta las broncas y groserías, cada vez más habituales, a las que nos vemos sometidos sin que podamos hacer nada para evitarlo.

Antes de que tenga que intervenir la sociedad y todo su aparataje legal y coercitivo, mucho antes de todo eso, están los padres y el ejercicio, obligado, de su responsabilidad. Todos los que andamos metidos en redes sociales hemos visto los cuidados carteles que no recuerdan las normas básicas: “en casa se aprende a…en la escuela se aprende a…”, separando muy bien los objetivos educativos de cada ámbito formativo. Y ese recordatorio existe porque en el primer espacio los ejércitos se han rendido y buscan, en la escuela, los logros que ellos no son capaces de alcanzar trabajando, cada día, para lograrlo. Si en casa no se educa, la sociedad sólo tiene un espacio de actuación: la acción legal y sus pertinentes sanciones y el rechazo. Es simple, es duro, pero es real como la vida misma, lo siento.

Estamos generando monstruos asociales y eso es grave, pues una sociedad que debe defenderse de sus niños y de sus adolescentes es una sociedad enferma; una sociedad en proceso de desestructuración que no augura nada bueno para los años venideros. Nadie pide pasar un examen para obtener el “carnet de padre”, se espera de cada uno de ellos el ejercicio de responsabilidad que ahora se abandona y sigue esa peligrosa corriente basada en “que me lo haga/resuelva el …¿estado? ¿colegio? ¿ayuntamiento? ¿policía?” No, a tus hijos los educas tú. A tus hijos los educa la convivencia en familia que vela por la aceptación de los usos y normas sociales de la buena educación, la antiquísima y olvidada “urbanidad”, esa que nos enseñaba a dar los buenos días, dejar el asiento del autobús a las embarazadas y a los ancianos - por cierto: nadie lo hace ya y cuando el que esto forma se levanta y le deja el asiento a alguien más necesitado que él, las caras del colectivo son de museo - tratar a los demás de forma agradable y cordial y demás componentes de la larga lista que automatizamos convenientemente. Todo eso se ha abandonado y las consecuencias se empiezan a notar.

En pocos años veremos alcohólicos de poco más de veinte años, colectivos de “ninis” absolutamente perdidos que no saben qué hacer con sus vidas sin olvidarnos de lo que ya empieza a ser una plaga de acoso escolar, abusos sexuales originados por el uso incontrolado de redes sociales en móviles y ordenadores; consolidación de tendencias nefastas como borracheras, descontrol de horarios y espacios sociales de más que dudosa conveniencia etc.
Estamos creando una sociedad desestructurada, agresiva, mal educada y patológica por no actuar allí donde empieza la construcción de todo lo importante: la infancia. Y en esa etapa la influencia decisiva, la que es responsable de casi todo lo que vendrá luego, las figuras centrales se concentran en el núcleo familiar. Si eso falla, falla todo. 

Padres: nadie puede hacer lo que a vosotros corresponde, así que menos vagancia y más pelea con esos monstruos bajitos que deben convertirse en ciudadanos, que ya sabemos que es jodido, pero es lo que os toca. Así de simple: no miréis hacia otro lado esperando ayudas desde otros colectivos, que vosotros lo habéis elegido y el control de sus vidas sólo puede ser vuestro. Lo demás, echar balones fuera. A ponerse las pilas.


martes, 6 de diciembre de 2016

España entregada a la inmoralidad

Rafael Catalá, ministro de Justicia ha decidido, por su cuenta y riesgo, dejar claro que España es un país amoral en el que la ética se ha marginado hasta espacios inconcebibles en otros sistemas democráticos. Según él, “La responsabilidad política por la corrupción se salda en las urnas”, así, sin anestesia, sin avisar y como diría el castizo, “con dos cojones”. La declaración es funesta, pero más funestos aún son los escondidos arcanos que alberga tal afirmación. Aviso: me es igual el partido al que pertenece el interfecto, así que me fijaré en el fuero y no en el corral al que pertenece la gallina que ha puesto este huevo.
España se ha entregado al absurdo y lo que la afirmación desvela es que tenemos mal arreglo. Nos dejamos llevar hacia un horizonte de corrupción en el que lo que cuenta es participar, pillar sin freno esperando que la masa esconda nuestra participación y que no seamos uno de los pringaos a los que les tocará “comerse el marrón”. Si todos participamos y votamos adecuadamente, seremos absueltos de las responsabilidades políticas de un sistema que se encamina a la práctica generalizada de actuaciones inmorales validadas por la masa de los votos. Si todos participamos, la cosa sale bien para todos y si la mala suerte nos hace pasar una temporadita a la sombra, no hay problemas: el sistema velará y ya nos rengancharemos a la vuelta.
Las urnas lo lavan todo, todo vale si “los nuestros” son muchos más que los otros y nos aseguran la oportuna mayoría. ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Somos todos tontos o demasiado listos? Ante mi asombro y escándalo, el ministro no ha tenido que afrontar la repudia masiva de la prensa o de los partidos; no ha pasado nada y el que ha lanzado tal torpedo a la línea del sistema y de la ética no ha tenido que ponerse colorado ante la opinión pública o publicada, no ha tenido consecuencia ninguna y todo sigue como si tal cosa.
Este ministro le ha dado la razón a Jesús Gil en un homenaje post mortem que le exonera y bendice en su oscura trayectoria como alcalde de Marbella: los votos le perdonaron, le encumbraron y consolidaron un sistema de corrupción generalizada cuyas consecuencias seguimos pagando, pero…los ciudadanos le perdonaron con sus votos.
Estoy sencillamente harto, estragado, asqueado de estos personajes que pervierten el lenguaje y las ideas  consiguiendo que todo el sistema se olvide del rigor ético exigible a los políticos. España se entrega a su historia de compadreos y corruptelas, bendice el origen de una concepción social en la que el individuo, maltratado por el sistema a lo largo de siglos de ineptitud – por favor, no se olviden de repasar a Quevedo de cuando en cuando – de sus gobernantes, se busca la vida de espaldas y contra los gestores de la cosa pública. Nos condiciona una historia de nefastos gobernantes, validos de peores monarcas, que nos ha hecho polvo y que nos condena a perder el tren del futuro. La “res pública” la romana “cosa pública” se ve maltratada y pervertida por estos tales que así conducen la moral de todos hacia la insolidaridad, la inmoralidad y la consagración de la mentira.
España, como dice un amigo mío, vivió al margen de las revoluciones y el problema es ése: no sólo no llegó la revolución industrial, es que no nos rozó la revolución calvinista y así nos va. Nuestra historia se ha entregado a los caciquismos, a la búsqueda de espacios individuales al margen del común, por encima o al lado, que a nosotros, “hijos de nuestro padre” nadie tiene que decirnos qué se puede o no se puede hacer, que las normas son “para los otros”, los pobres pardillos que no saben buscarse la vida al margen y contra las normas que a todos deberían gobernarnos.
La idea de que tales comportamientos nos hieren a todos permanece ajena a la concepción vital del español: consagramos a folclóricas corruptas en el altar del victimismo y la conmiseración; las estrellas del fútbol, sacrosanta catedral de irracionalidad, se permiten hacer mangas y capirotes con sus obligaciones fiscales recibiendo baños de masas y perdones de los aficionados que pagan sus elevadas nóminas mientras apoquinan, como cabrones, sus cuotas del IRPF y demás impuestos, solo válidos para los “comunes mortales” que no saben levantar pasiones pateando pelotas y llevando a sus clubes a la gloria y a los aficionados, al éxtasis de su majestad el gol. Los campos deberían ser un concierto de repulsa y rechazo, pero eso no pasa ni pasará nada: ¿Mesi, Ronaldo y demás bajo el imperio de la ley de los comunes? ¿Es que no me doy cuenta de que ellos son “distintos”, “especiales”, “geniales” y..? ¿Es que soy tonto? Debo serlo, pero las masas bendicen las declaraciones que inician esta reflexión: no hay norma ética por encima de la divina bendición de las masas, de los aplausos, de las urnas y los votos. Vox pópuli, vox dei


Mal pronóstico para un país en manos de inmorales, lo siento.