domingo, 14 de julio de 2019

Hermandad Universal

Un mundo entero de canciones y sensaciones


Me encuentro en Face Book, una vez más, un evento de carácter cuasi universal organizado en torno a una canción. Una simple canción, siete notas una tecnología brutal que conecta en tiempo real a muchos músicos y…magia. Muchos idiomas, muchas lenguas, muchos países, muchas razas y una sola conación que une lo que otros dividen y que ellos desprecian.
Si tenéis oportunidad y tiempo, escucharlo mientras se van sumando músicos y países, instrumentos y culturas, razas y sensibilidades que colaboran sin problema: sólo hay un objetivo común que es disfrutar de un sonido que todos contribuyen a crear. La música permite eso que ninguna otra cosa, excepto posiblemente la pintura, permite. No hay literatura universal; no hay universalidad en nada que no sea la música y la verdad, me da envidia de la mala: ellos acceden a un universo que a mí se me prohíbe o se me presenta inaccesible.
¿Podemos extraer alguna enseñanza de este tipo de actuaciones colectivas y colaborativas? ¿Algo parala política, para la empresa? No tengo una respuesta adecuadamente meditada y medida, pero si puedo expresar un deseo sencillo, claro y medido: Por favor, señores músicos: compartan su secreto con el resto de los mortales que quedamos fuera de ese mundo mágico en el que las barreras normales desaparecen y sólo quedan seres humanos entregados al disfrute de un arte universal que les une a todos.
Casi nada….

domingo, 7 de julio de 2019

Contra el dolor

Ficha policial de Sonia, transexual detenida en España en 1974
Algunos quieren volver y no hay que dejarse: ni un paso atrás


Ayer, llevado por un sentido del deber que me obligaba a hacer número contra la previsible regresión liderada por Vox, me dejé caer por la fiesta convocada en Madrid y las sensaciones fueron dispares. El Orgullo mezcla fiesta, exhibición, alegría, exhibicionismo, normalidad y …una profunda, impresionante y clamorosa corriente subterránea de dolor; un dolor inmenso, antiguo, gratuito y profundamente injusto.
No me esperaba que el dolor me resultara el elemento dominante en una jornada tan festiva, pero su presencia era total y absolutamente dominante. El dolor se hacía presente en cada pancarta, en cada disfraz, en cada gesto de libertad recién descubierta y su injusticia clamaba al despejado cielo de Madrid.
Es un dolor injusto que hunde sus raíces en el absurdo de la negación; que persigue lo que ni es perseguible ni es elegible; es un dolor gratuito e ineficaz; un dolor que sólo se sirve a sí mismo y a los intransigentes que no quieren aceptar la normalidad de lo que ellos llaman “desviaciones”. ¿Desviados de qué? ¿Cuál es el reclamado sentido único que hay que seguir obligatoriamente en contra de lo que siempre ha sido y siempre será parte de la naturaleza humana?
La alegría de ayer era una muestra más de que el ser humano sólo busca la tranquilidad de ser normal; la necesidad de formar parte de un grupo de referencia en el que se siente cómodo, aceptado y que conforma su entorno social con total normalidad. Hoy, cuando nadie pensaba que fuera posible, hay una corriente neofascista que pretende eliminar a los miembros de este gran colectivo de seres absolutamente normales que su intransigencia quiere colocar fuera de la sociedad normal y normalizada. Quieren, una vez más, ocultar, tapar, perseguir, negar, eliminar y frente a esta oscura corriente, miles de ciudadanos demuestran que la convivencia no sólo es posible: es positiva, es necesaria y permite que muchos miles, que muchos millones de seres humanos, descubran su naturaleza sin dolor, sin miedo, sin tragedias como las que, ayer, llenaban las calles de Madrid.
Todavía hay decenas de países en los que ser y vivir conforme a tu naturaleza supone ser detenido y condenado a muerte. Así de sencillo: la muerte aguarda a aquellos a los que su inclinación natural separa de las normas impuestas a sangre y fuego. Parece que ninguno de estos intransigentes tiene en cuenta el dolor y el sufrimiento, inmenso, profundo, aterrador, de aquellos que se van descubriendo ajenos al grupo justo en el momento en el que todo tu ser busca formar parte del grupo de referencia. Durante meses o años, estos seres inocentes se sientes culpables y culpabilizados, como si tuvieran que ser, obligatoriamente, culpables de algo.
Hoy, cuando cientos de miles de personas descansan tranquilos y satisfechos tras manifestar su orgullo por ser normales, los medios afines con los intransigentes pretenden silenciar, una vez más, la realidad de millones de personas que no viven según sus encorsetadas normativas.













ABC, La Razón y otros, destacan, como lo más importante de la manifestación, la repulsa de muchos a la presencia de Ciudadanos, partido que parece sentir pulsiones suicidas y que apoya, con y en sus acuerdos y silencios, a los que quieren represaliar la vida de los muchos que, ayer, se sentían perseguidos y lo hacían porque la amenaza es cierta y existe: la represión amenaza y ha empezado a ocupar asientos y escaños; ya manda en las negociaciones políticas y no es posible negar sus efectos. Ciudadanos, como otros muchos, debe reflexionar y darse cuenta de la verdadera naturaleza de aquellos con los que pacta negando la realidad de lo que acepta. Mientras tanto, estas portadas nos recuerdan lo que es vivir bajo el silencio y habitando oscuros rincones de los viejos armarios, esos que creímos haber dejado atrás.
Ayer, sin esperarlo, formé parte de una manifestación que mostraba el dolor antiguo, inmenso e injusto, de muchos millones que en la historia han sido y cuyas vidas, aún hoy, transcurren en el doloroso silencio de la negación. No hay nada más terrible que ese dolor gratuito que domina la vida de los que, simplemente, son lo que son sin tener culpa de nada, sin atentar contra nada y sin poder cambiar lo que les ha sido determinado por una naturaleza diversa o elegido libremente como una opción personal tan válida como cualquier otra.
Ayer se luchaba contra el dolor y me temo que habrá que seguir luchando mucho tiempo contra el dolor, la injusticia y la represión de lo que es justo, normal, adecuado y humano, profundamente humano. Así de sencillo.

sábado, 6 de julio de 2019

Normalidad Orgullosa

Una gran normalidad


Se desarrolla en Madrid una fiesta que, cada año, implica a un mayor porcentaje de la población hasta incluirnos prácticamente a todos en lo que debería ser una celebración de la vida, de la normalidad y de la cotidiana y sencilla diversidad. Lamentablemente, esta fiesta se sigue convocando y celebrando con dos caras contrapuestas: a favor y en contra, como un Jano bifronte que mirara, a la vez, hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro como una llamada a la propia aceptación, al refuerzo positivo acerca de una circunstancia vital muy personal que todos los presentes comprenden y aceptan sin problema como parte de la naturaleza humana. Sin más.
El problema viene con las llamadas hacia afuera, ese espacio infernal bien definido por Jean Paul Sartre, el espacio del infierno conformado por los otros. Hoy, esos otros aspiran, sin tapujos, a que sólo haya dos opciones y que ambas estén bien definidas, sin esas zonas grises e intermedias que tanto miedo les dan. Sigo convencido de que los que más intransigentes se muestran, los que más seguridad necesitan, sólo proclaman su miedo y su inseguridad hacia unas pulsiones internas que no se aceptan a sí mismos.
La ciencia avanza según la sociedad le permite y en cuanto la sociedad lo ha permitido, la ciencia ha puesto al descubierto la falacia de esa sexualidad digital para dejarnos ver un universo analógico de infinitas posibilidades con las que se debería poder convivir sin problema alguno. Y hace falta mucha celebración de lo distinto, de lo menos habitual pero normal, pues la curva de cualquier distribución nos muestra lo enormemente amplia que resulta ser la normalidad. Es tan grande, tan extensa, que caben hasta los cabestros de Vox en uno de los extremos de sus colas, así de grande es la naturaleza que nos abraza a todos.
Se nos ha querido imponer – a mi generación por supuesto – un modelo de sexualidad que nunca ha sido cierto: la diversidad sexual es tan antigua como pueda serlo el género humano y la historia nos lo demuestra con una inmensa cantidad de datos y de hechos comprobados. Se nos dijo que “los maricas” eran cobardes y poco menos que reptiles traicioneros negando que la primera gloria de alguien tan homosexual como Alejandro Magno, se obtuvo al derrotar a un regimiento hasta entonces invicto: La Banda Sagrada de Tebas compuesta por parejas homosexuales. Alguien tan fiero como Lucio Cornelio Sila, dictador de Roma y militar excelso, también lo fue y lo fue en una sociedad que negaba ese derecho. Siempre han existido las diferentes realidades sexuales en ambos sexos y siempre han luchado pro normalizarse, aunque nunca lo hayan conseguido. Si los griegos lo aceptaban entre hombres, entre mujeres era radicalmente rechazada. Eso por no hablar de las equivocaciones biológicas que han encerrado a personas en cuerpos contrarios a su verdadera naturaleza. Si, señores de la conferencia episcopal y de Vox: la naturaleza se equivoca y mete la pata mucho más de lo que Vds. se imaginan, de manera que empiecen ya a aceptar esa cruda realidad, que no les va a pasar nada ni nadie les va a implantar un pene o a cortarles la colita.
El ser humano avanza en la aceptación de lo que nunca debió ser motivo de marginación y rechazo y, por primera vez, cuando acaba esta nota, me subiré en mi moto junto a mi hija para hacer bulto, para dejar, con nuestra presencia, una pequeña voz que diga a los intolerantes y a los fascistas que esta fiesta es tanto de los convocantes como del resto de los que componemos el género humano, por mucho que ellos se empeñen en abrir ghetos, negar su existencia o perseguir a los que hoy claman por su propio orgullo en contra de siglos de opresión, injusticia y miedo.
A ver si no tardo mucho en colocarme los correajes y encuentro la gorra de cuero, que esa es otra: debe estar todavía en el armario.

jueves, 4 de julio de 2019

Censura

Este dibujo supuso el despido de su autor. 
La censura reina de nuevo...
o nunca se fue


La libertad es una flor delicada que hay que cultivar como si de la más exquisita orquídea se tratara. La libertad es tímida, se asusta y sin protección, se desvanece en la nada dejándonos huérfanos de lo más humano que la especie puede aportar a la evolución espiritual. Pero vivimos malos tiempos para ella. Es acosada, perseguida y la censura triunfa ganando territorios que, hasta hace poco, eran los mejores para que la libertad prosperara y medrara iluminando con su luz a toda la sociedad.
La prensa, protegida por todas las constituciones y por todas las leyes, se ha vuelto pacata, temerosa y colaboracionista: acepta la autocensura y recorta, día a día la libertad de sus periodistas y parece decidida a terminar de matar a esa aportación libérrima, incontrolable y eficaz de su contenido: las viñetas.
Los viñetistas son magos que pueden construir discursos enteros con un solo trazo; son capaces de meter la actualidad en un bocadillo de tres palabras o de ridiculizar al poderoso con una media sonrisa que nos llega al centro sin elaboración intelectual alguna. Y ese es el peligro: lo racional se puede contrarrestar y argumentar, pero el humor nos deja su mensaje sin elaboración alguna, es un puñetazo que nos da de lleno en el cerebro, no hay posible protección ante su mensaje y eso es nefasto para el poder.
Usando el dinero, la influencia y la coerción, el poder, el poder universal, ejerce presión y la prensa se domestica, se ablanda, se hace cómoda y prescinde los elementos conflictivos aceptando el dominio de la peor de las censuras: la autocensura. Vivimos malos tiempos parala libertad y la prueba nos la han dado, en las últimas semanas, dos grandes editores que han decidido poner fin a la publicación de las viñetas uno y de un viñetista en concreto, otro.
El miedo guarda la viña y ante una crítica a Trump, un gran grupo canadiense decide matar al inconsciente que pone en riesgo….¿qué pone en riesgo un viñetista? Absolutamente nada: reivindica la libertad y eso da miedo: el poder se manifiesta, oscuro, en forma de miedo ante “lo que pueda pasar” pero lo que pasa es que todos, ellos y nosotros, perdemos o que hace posible la información veraz: la prensa libre, esa que ya no existe y que la censura, el miedo y la autocensura han asesinado paso a paso, viñeta a viñeta, nombramiento a nombramiento en sus consejos de administración.
Estamos condenados al miedo y a la censura, aquella que creímos que o volvería nuestras vidas y que ha vuelto más fuerte que nunca pues no tenemos refugio, no tenemos prensa libre que nos ayude y que le demuestre la poder que somos libres, independientes y que algún día, seguro, sus actos se verán ridiculizados y ellos, los poderosos, verán su imagen reflejada en la verdad de las viñetas dibujadas por, desde y para la libertad.
Mientras tanto, la censura crece, el miedo reina y la libertad huye de las páginas que un día la hicieron grande. Una pena

domingo, 30 de junio de 2019

Luz



Todos, o casi todos los mesetarios, sentimos, cuando pensamos en los placeres del descanso, la necesidad de orientar la mirada al mediodía, allí donde el sol parece querer asentarse sobre la tierra eludiendo su vertiginosa altura sobre el horizonte. Allí, donde el mediodía se hace espacio, reina la luz y su calidez se desparrama sobre una tierra que abraza su calor y se engrandece con su abrazo y sus caricias.
Todos – o casi todos - cuando buscamos esa luz en la que fuimos poco más que sueños imposibles que acariciaban otros sueños enlazados de sal, agua y piel, encaminamos nuestros pasos hacia la suavidad del sur, la tierra que se hace amable cuando dejamos que nos acoja en sus misterios. Es el sur ese amigo que hay que conocer para terminar de dejarse seducir por esas manías que no comprendemos y que, según él, muy versado en las cosas de la vida antigua, la de siempre, son las que importan de verdad.
Busca el sur la reunión con esos mares que unieron sin dividir; esas rutas sobre el lejano horizonte que le trajeron acentos suaves y sabores fuertes por los que tantos saltaron de la tierra a la madera de los barcos, naves que les acogieron y en las que cantaron sones de carnaval y chirigota para volver con las suaves habaneras y otros sones que el sur hizo suyos hace años.
Para nosotros, propios y ajenos, es el sur una llamada que nos busca y nos acoge en sus inmensas playas y en la amabilidad de esos habitantes antiguos que, sin saberlo ellos, tanto han visto y tanto llevan en el alma, siempre antigua, siempre suave y siempre amistosa con el que llega buscando la luz de la que tanta necesidad había.
He tenido, casi ayer, un muy agradable reencuentro con esa luz sureña en un viaje iniciático que me ha dejado un poco contra las cuerdas. Por primera vez en mi vida he ido a un lugar analizando sus características como posible lugar de retiro, pero eso, en este sur gaditano, no cuadra: aquí se viene a vivir y a dejarse llevar por el aprendizaje de una forma distinta de vida, de alegría y de prioridades. Ante la desmesura de la luz, de los sabores, del mar extendido acompañando a la imposible dimensión de la playa de la Cortadura no hay retiro posible: hay inmersión, hay disfrute y hay participación en esa vida que llama a la vida y a la necesidad de orientarse hacia el disfrute de los sencillos placeres que vienen de la mano de una forma de concebir la existencia. Tan sencillo y tan difícil.
Cádiz y sus allegados ofrecen mucho, así que es cuestión de ir bebiendo poco a poco la luz que se hace vino en las bodegas de Sanlúcar pidiendo tiempo para ser degustado, en tragos medidos y tiempos largos, nada de atropellarse, que no es lugar para desmesuras. Cádiz y su lenguaje de amabilidad parecen dejarse mirar con timidez, como si la ciudad entera quisiera ser vista desde una enorme casapuerta y jugar con distintas caras para ir desnudándose despacio, sin atropellos, que esto es muy largo y lo que es hoy ya fue hace tres mil años.
Cádiz y la piedra de sus casas, única y cuajada de las antiguas vidas de los ostiones, nos dejan ver que siempre podemos buscar un poco más abajo, más profundo y con más intensidad, que podemos acompañar su larga historia sintiendo siempre más, más de verdad y más profundo. Pero no es sólo Cádiz: hay libros enteros esperando a ser leídos en San Fernando, en Jerez, en Sanlúcar y su historia de amor con el Guadalquivir, en…la vida que surge bajo una luz casi eterna que pone en movimiento vientos imposibles por los que dejarse llevar mar adentro.
Habrá que hacerlo…algún día.

jueves, 13 de junio de 2019

A vueltas con la semántica

La realidad se impone por encima del lenguaje, por mucho que lo retuerzan y lo quieran ocultar.
El dinosaurio -Vox - sigue en la habitación de C´s



Antes de nada, y recurriendo a las facilidades de internet, copio y pego:
Semántica lingüística, trata de la codificación y decodificación de los contenidos semánticos en las estructuras lingüísticas. Estudia la estructura de las formas léxicas, la estructura de las expresiones y su relación con sus referentes, así como los mecanismos mentales por los cuales los individuos atribuyen significados a las expresiones lingüísticas.
¿Y a santo de qué escribir sobre tan oscura ciencia? Básicamente, al hartazgo que sufre servidora tras años de asistir, como pasivo y cabreado espectador, al deterioro del lenguaje promovido por nuestros políticos. No hablo ya del absurdo de querer cambiar los valores numéricos -15 son más que 19 -sino del uso perverso de los térmicos, las oraciones y la destrucción del verdadero significado de cada palabra usada, bien de forma individual o inmersa en una frase.
No sólo nos enfrentamos al empobrecimiento en cuanto al número de palabras que usamos de forma cotidiana -que ya es grave por sí solo – sino que, además, nuestros políticos se entregan de hoz y coz al retorcimiento de los significados hasta vaciarlos, cambiarlos y acabar por hacernos asumir que los equivocados somos nosotros. Tenemos ejemplos por miles; ruedas de prensa que terminan con nuestros nervios en un estado de hipertensión extrema, gritos de indignación y cientos de cabreos monumentales dirigidos hacia la “caja tonta”. Ya he escrito varias veces sobre el tema, que yo, por lo menos, tengo el consuelo de poder expresar aquí lo que me parece y siento, pero es que, de verdad, ya está bien de maltratar al lenguaje.
De la misma manera que los Inuits pierden sus palaras relacionadas con el hielo, más de mil hace unos años, nosotros vamos perdiendo el verdadero significado de lo que nos dicen y lo cambiamos por aquello que el emisor del mensaje quiere que acabemos aceptando como significado real de un término que nada tiene que ver, en su origen, con la falacia que el susodicho quiere colocarnos.
Si tenéis dudas del proceso que comento, por favor, seguir estos días lo que Ciudadanos está diciendo sobre una realidad -sus pactos con Vox y PP – y analizar sus discursos con detenimiento. No hay por dónde coger la cosa, de verdad. Nuestra realidad cambia, el lenguaje se simplifica y tiende a imponer la actual lengua franca de la “oikumené” (la tierra habitada, más que Mediterráneo, ojo) de nuestros días: internet.  Ya no hay un mar que nos una y sobre el que desarrollar el comercio y las relaciones, hoy son internet y el inglés los que reinan sobre todas las cosas, así que cuidado: entre nuestros políticos y la estupidización lingüística, vamos a acabar tontos perdidos si es que nadie lo remedia antes.
Para los despistados:
Rae : pacto
Del lat. pactum.
1. m. Concierto o tratado entre dos o más partes que se comprometen a cumplir lo estipulado.
2. m. Cosa estatuida por un pacto.
Parece que la cosa es sencilla, ¿no? Pues ahora ir a la prensa a ver qué es lo que dicen los liantes de Ciudadanos.

martes, 11 de junio de 2019

La palabra


       


Escucho un podcast de historia mientras hago ejercicio (La Contrahistoria, de Fernando Diaz Villanueva) y me quedo con una parte del programa dedicado a los celtas. Un guerrero celta le cuenta a un romano, en un perfecto griego de la colonia de Masilia que, para ellos, el momento de máximo esplendor del ser humano era la vejez, el momento en el que la acción -normalmente la guerra – deja paso a la palabra como máxima expresión de la idea, del logos que nos hace humanos y nos permite avanzar y mejorar. Una idea interesante la de estos celtas que, en una sociedad guerrera y conflictiva, eran capaces de elevar a la palabra hasta su mejor posición dentro de la escala de valores.
La palabra es, desde hace años, una obsesión personal y trato, mediante un uso certero de los términos y expresiones, crear una exposición de mis ideas lo más clara y concisa posible, pero no había caído en ese terreno de la inacción como consagración de su valor y potencial. Curiosa historia que nos llega desde las brumas de una civilización idealizada y desconocida, a partes iguales, con una cosmología única y una estructura social compleja que no acabamos de profundizar pero que, en contra de toda lógica, nos enfrenta al valor del primigenio “logos” centro de todo pensamiento humano desde el inicio del trabajo intelectual y espiritual del hombre.
La palabra, la idea y el juego de la construcción de conceptos complejos nos hace humanos y nos permite diseñar no sólo las explicaciones racionales de los fenómenos físicos de nuestro mundo - el real entorno del logos como reflejo del pensamiento correcto y adecuado a los hechos demostrados - sino otras elaboraciones que, sin una base real, crean universos enteros cuya única realidad está en nuestros pensamientos. Basta que todos aceptemos una palabra, una idea para que, de forma automática, nuestro entorno, nuestra sociedad toda, acepte esa idea como parte de la realidad cotidiana en la que se desarrolla nuestra vida. Damos carta de naturaleza con más facilidad a la idea, a la palabra, al concepto, que a los fenómenos físicos cuyas leyes nos son explicadas y que contradicen la construcción original. Si los celtas colocaban a la palabra por encima de la acción, nosotros vamos más allá y la colocamos muy por encima de la realidad como sustento de imaginarios universos negando la esencia del significado de logos, pero abrazando la idea de lo social y lo común.
Somos máquinas al servicio del mandato de nuestros genes, sí, pero máquinas capaces de crear un pensamiento, basado en la palabra, que trasciende tanto el plano físico como el temporal: es nuestra palabra lo que nos hace eternos al plasmarse en nuestros escritos, en nuestros cuentos; en la eternidad del recuerdo compartido con miles a través de ese maravilloso invento que es la escritura y el libro.
Cuando el recuerdo de nuestras vidas se haya apagado en la memoria de los vivos y los muertos, serán las palabras que nosotros escribimos las que hablen de nosotros, de nuestras vidas, ambiciones y frustraciones; serán ellas las que digan cómo fuimos, cómo pensamos y tendrán la generosidad de ocultar aquello que hicimos sin deber o que, simplemente, nos hizo humanos al negar, en la práctica, las grandes aspiraciones que sí fuimos capaces de escribir. Buena cosa esa la generosidad de las letras sobre la escueta y pobre realidad de nuestras vidas.
Celebremos la palabra, la eternidad de la palabra compartida y elevada sobre las miserias de nuestra realidad cotidiana y celebremos que tenemos amigos que escriben – y han escrito – para que podamos recordar lo mejor de ellos mismos en una celebración constante de amistad y de recuerdos compartidos.
La verdad es que esos celtas no eran tan tontos, no.